Windows 12: el salto a un sistema operativo con IA integrada y hardware a la altura

Última actualización: marzo 5, 2026
  • Windows 12 apostaría por una arquitectura modular CorePC y un diseño centrado en la IA local.
  • Los requisitos de hardware podrían subir de forma notable, con NPU de al menos 40 TOPS, 16 GB de RAM y SSD de 256 GB.
  • Microsoft barajaría un modelo de suscripción para desbloquear funciones avanzadas de inteligencia artificial.
  • El lanzamiento se situaría alrededor de 2026, coincidiendo con el final de soporte de Windows 10.

Windows 12 con IA integrada

La próxima gran versión del sistema operativo de Microsoft apunta a ser algo más que una simple actualización de estética o rendimiento. Las filtraciones y análisis de medios especializados dibujan un escenario en el que Windows 12 se concibe desde cero alrededor de la inteligencia artificial, con funciones que van mucho más allá de lo que hemos visto en Windows 11.

Este cambio de enfoque también tiene una cara menos amable: todo indica que los requisitos de hardware subirán varios peldaños, hasta el punto de dejar fuera a una parte importante del parque actual de ordenadores en España y el resto de Europa, especialmente los equipos con unos años a sus espaldas.

Un Windows diseñado con la IA como columna vertebral

Los documentos internos y reportes técnicos apuntan a que el proyecto se conoce dentro de Microsoft como Hudson Valley y que no se trataría de una mera evolución de Windows 11, sino de una plataforma distinta basada en la arquitectura CorePC. Esta base modular permitiría crear ediciones adaptadas a cada tipo de dispositivo: sobremesa potentes, portátiles ligeros, convertibles o equipos orientados a la educación.

Con este planteamiento, Windows 12 podría prescindir de componentes innecesarios según el uso, aligerando la instalación y mejorando el rendimiento. Los fabricantes tendrían más margen para ajustar el sistema a su hardware, y en teoría el usuario ganaría en estabilidad y tiempos de actualización más contenidos.

El gran punto diferencial estaría en la inteligencia artificial. En lugar de ser un añadido, la IA pasaría a ser el núcleo del sistema: Copilot dejaría de ser un asistente accesible desde una esquina del escritorio para convertirse en una capa que atraviesa todo el sistema operativo, desde la búsqueda de archivos hasta la gestión energética o las recomendaciones de configuración.

Se habla de un Windows «agentivo», es decir, capaz de anticiparse a lo que necesita el usuario, automatizar tareas, optimizar recursos en segundo plano y ofrecer sugerencias sin necesidad de que se lo pidan explícitamente. Esto incluiría desde redactar correos y resúmenes de documentos hasta ajustar parámetros de rendimiento en función de los hábitos de uso.

En el terreno del ocio, la integración con el ecosistema Xbox en PC también recibiría un empujón. Filtraciones mencionan un posible «Gaming Copilot» capaz de ayudar a configurar juegos, gestionar bibliotecas, aplicar ajustes gráficos recomendados o incluso explicar mecánicas dentro de determinados títulos compatibles.

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Interfaz de Windows 12 con IA

Revolución en los requisitos: NPU, RAM y almacenamiento al alza

Todo este despliegue de funciones no sale gratis. La mayoría de informes coinciden en que Windows 12 exigirá un hardware mucho más preparado para la IA que las generaciones anteriores. La referencia que más se repite es la de los llamados «PC Copilot+», equipos diseñados expresamente para ejecutar modelos de inteligencia artificial en local.

Según estas fuentes, para disfrutar del Windows 12 completo sería necesaria una NPU (Unidad de Procesamiento Neuronal) capaz de alcanzar al menos 40 TOPS (billones de operaciones por segundo). Este tipo de chips ya se está viendo en las últimas generaciones de procesadores de Intel y AMD orientados a IA, así como en muchos SoC ARM modernos.

Junto a esa NPU, los requisitos de memoria y almacenamiento también subirían: se habla de un mínimo de 16 GB de RAM y un SSD de al menos 256 GB para poder sacar partido a todas las capacidades de IA. Son cifras que hoy en día empiezan a ser habituales en portátiles y sobremesas de gama media y alta, pero que dejan atrás a millones de equipos domésticos y de oficina con especificaciones más modestas.

La situación recuerda en parte al salto de Windows 10 a Windows 11, cuando la exigencia de TPM 2.0 dejó fuera a numerosos ordenadores. La diferencia ahora es que el foco ya no está tanto en la seguridad, sino en contar con la potencia necesaria para procesar modelos de IA en local sin saturar CPU y GPU.

No está del todo claro qué ocurrirá con los PCs que no cumplan esos requisitos. Algunos informes apuntan a que podrían instalar una versión de Windows 12 con funciones de IA recortadas o desactivadas, mientras que los equipos con NPU y el resto de especificaciones recomendadas disfrutarían del paquete completo de características.

Dos posibles sabores: con IA avanzada o edición más ligera

Para evitar un corte demasiado brusco con la base instalada de Windows 11, distintas filtraciones plantean que Microsoft podría lanzar Windows 12 en dos variantes. Por un lado, una edición «agentiva» con todas las capacidades de inteligencia artificial avanzadas; por otro, una versión con IA básica o prácticamente sin IA, pensada para hardware menos moderno.

En el primer caso, los requisitos mínimos serían similares a los que ya se exigen para los equipos Copilot+: NPU de más de 40 TOPS, 16 GB de RAM y SSD de 256 GB como punto de partida. Esta edición sería la que materializaría por completo la visión de un Windows centrado en la IA local.

La variante más ligera, en cambio, prescindiría de buena parte de esas funciones avanzadas o las delegaría en la nube, permitiendo que ordenadores sin NPU o con menos memoria puedan seguir utilizando el sistema operativo sin necesidad de renovación inmediata del equipo.

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Esta dualidad también tiene sus riesgos. Un ecosistema con varias ediciones muy diferenciadas podría complicar la vida a desarrolladores y empresas, generando problemas de fragmentación parecidos a los ya vividos con las distintas ramas de Windows 10 y Windows 11.

Aun así, para mercados como el español o el europeo en general, donde hay una gran base de PCs en pymes, administraciones y hogares que no se renuevan con tanta frecuencia, una opción menos exigente podría ser la única vía para que ese público considere el salto a la nueva versión.

Arquitectura CorePC y apuesta reforzada por ARM

Más allá de la IA, uno de los cambios de fondo que se esperan es la adopción plena de CorePC como base arquitectónica. Esta tecnología divide el sistema en módulos relativamente independientes, que se pueden añadir o retirar sin comprometer la estabilidad general. La idea es que Windows pueda adaptarse al dispositivo, y no al revés.

En la práctica, esto permitiría versiones más ligeras para equipos económicos, configuraciones específicas para gaming o builds pensadas para educación y entornos corporativos. Los fabricantes de PC podrían personalizar qué componentes se instalan en cada modelo, reduciendo bloatware y acortando los ciclos de actualización.

CorePC, además, encaja con otra línea estratégica de la compañía: reforzar el soporte a procesadores ARM. Con Windows 11 ya se han visto pasos en esa dirección, incluyendo actualizaciones específicas y mejoras en Prism, el emulador encargado de ejecutar aplicaciones x86 en equipos ARM.

Con Windows 12, se espera que ese apoyo vaya a más: mejor rendimiento, emulación más pulida y más aplicaciones nativas. La presencia de NPUs en muchos SoC ARM encaja bien con el objetivo de llevar la IA al propio dispositivo, sin depender tanto de la nube.

Para el usuario europeo medio esto se traduciría en portátiles más delgados, con mejor autonomía y preparados para las funciones de IA, compitiendo de forma más directa con propuestas basadas en otros sistemas operativos móviles y de escritorio.

Suscripciones y modelo de servicio: la IA como extra de pago

Otro de los puntos que más debate están generando es la posibilidad de que Windows 12 adopte un esquema de suscripción para algunas de sus funciones. Fragmentos de código y referencias internas hablan de un «estado de suscripción» que algunos analistas interpretan como la puerta de entrada a características premium.

La idea encajaría con la estrategia que Microsoft ya aplica en su suite ofimática: una base de sistema operativo que se puede utilizar sin pagos recurrentes, y un conjunto de herramientas de IA más avanzadas disponibles mediante una cuota mensual, de forma similar a Microsoft 365.

En ese escenario, Copilot y las funciones agentivas más potentes podrían quedar bloqueadas tras un abono que algunos expertos sitúan, de forma orientativa, entre los 10 y los 20 euros mensuales. No hay cifras oficiales, pero es el rango que se baraja para que la propuesta resulte relativamente accesible sin perder atractivo comercial.

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Para los usuarios de España y Europa, donde las suscripciones digitales ya compiten por el presupuesto mensual (plataformas de vídeo, música, almacenamiento en la nube, software profesional), la aceptación de un pago recurrente solo por funciones extra del sistema operativo no está garantizada.

En cualquier caso, todo apunta a que Windows seguirá manteniendo el modelo de «sistema como servicio» inaugurado con Windows 10: grandes actualizaciones periódicas, nuevas funciones que van llegando con el tiempo y un ciclo de soporte prolongado, apoyado en el programa Insider para probar las novedades antes de su lanzamiento general.

Fechas orientativas y relación con el final de Windows 10

Microsoft no ha hecho ningún anuncio oficial sobre Windows 12, pero las distintas fuentes coinciden en señalar la segunda mitad de la década como ventana probable de lanzamiento. Muchas de esas previsiones encajan el estreno con el final del soporte extendido de Windows 10, que concluye en octubre de 2026 para la mayoría de usuarios.

Con ese contexto, tendría lógica que la compañía utilizara el fin de ciclo de Windows 10 como palanca para impulsar la adopción de su nuevo sistema, tal y como hizo en su día con el paso de Windows 7 a Windows 10. No sería extraño ver campañas de actualización gratuita para quienes ya estén en Windows 11, y quizá promociones puntuales para empresas que siguen utilizando Windows 10.

También se ha hablado de fases previas, con versiones de prueba orientadas a desarrolladores y participantes del programa Insider meses antes del lanzamiento comercial. Esto permitiría pulir problemas de compatibilidad y ajustar la experiencia de IA antes de que llegue al gran público.

En cualquier caso, incluso si Windows 12 se estrena en torno a 2026, los usuarios no estarán obligados a cambiar de inmediato. Windows 11 seguirá teniendo soporte durante años y, para quien prefiera evitar la IA integrada, seguir con la versión actual o explorar alternativas como ciertas ediciones de Windows 10 LTSC o distribuciones Linux seguirá siendo perfectamente viable.

Todo apunta a que la próxima gran versión de Windows será el mayor giro de rumbo del sistema operativo en mucho tiempo: una plataforma modular, fuertemente apoyada en la inteligencia artificial local, con requisitos de hardware más ambiciosos y un posible componente de suscripción para quien quiera ir un paso más allá. Si los planes se confirman, millones de usuarios en España y Europa tendrán que decidir en los próximos años si renuevan PC, se quedan donde están o prueban otros caminos.

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