- Windows 10 ha llegado a su fin de soporte: no habrá más parches de seguridad ni mejoras.
- Riesgo creciente de vulnerabilidades y pérdida progresiva de compatibilidad con apps y hardware.
- Opciones oficiales: actualizar gratis a Windows 11 (si el equipo es compatible) o inscribirse en ESU hasta 2026.
- UE/EEE: primer año de ESU gratuito para consumidores; empresas pagan y el coste escala cada año.
Desde el 14 de octubre, Windows 10 ha quedado oficialmente sin soporte. Los equipos seguirán arrancando y funcionando, pero el sistema deja de recibir parches de seguridad y correcciones, un hecho clave que cambia las reglas del juego para millones de usuarios.
La situación afecta a un parque enorme de ordenadores: alrededor del 40% de los PC con Windows sigue en Windows 10 según distintas mediciones recientes. No es una anécdota, y obliga a decidir entre migrar a Windows 11, acogerse a las actualizaciones de seguridad extendidas o asumir riesgos que no conviene pasar por alto.
Qué significa que Windows 10 se quede sin soporte
Cuando un producto entra en fin de vida, se detienen tanto las nuevas funciones como los parches de seguridad. En la práctica, cualquier fallo crítico que se descubra a partir de ahora puede quedar sin corrección, y los errores de estabilidad (bugs) tampoco recibirán mantenimiento.
Este cierre de ciclo implica que los ciberdelincuentes pueden explotar vulnerabilidades con más margen y sin contramedidas oficiales. De aquí en adelante, lo que hay en Windows 10 es lo que se queda, sin más cambios por parte de Microsoft.

Riesgos y cómo te afecta
El impacto principal es la pérdida de protección y privacidad. Sin parches regulares, cualquier brecha que aparezca puede utilizarse para robar datos, cifrar archivos (ransomware) o comprometer la red en la que esté el equipo.
Con el tiempo, las aplicaciones y servicios dejarán de garantizar compatibilidad con Windows 10. Hoy muchas seguirán funcionando, pero las nuevas versiones tenderán a priorizar Windows 11, lo que conllevará errores, funciones limitadas o, directamente, abandono.
También se resentirá el ecosistema de hardware: periféricos recientes, controladores y dispositivos podrían no tener soporte completo, y esto se traducirá en fallos u opciones que no aparecen.
Si mantienes Windows 10, la recomendación general de expertos en ciberseguridad y empresas del sector es clara: minimiza la exposición, refuerza copias de seguridad y valora seriamente una transición a corto plazo.
Opciones oficiales: actualizar a Windows 11 o acogerse a ESU
La vía preferente es actualizar gratis a Windows 11 si tu licencia de Windows 10 es válida y el equipo cumple los requisitos (TPM 2.0, procesador compatible, 4 GB de RAM y otras condiciones). Así te aseguras parches y mejoras.
Para quienes no puedan migrar aún, Microsoft ofrece las Actualizaciones de Seguridad Extendidas (ESU) para Windows 10 hasta el 13 de octubre de 2026. ESU solo incluye parches críticos e importantes de seguridad: no añade funciones, no corrige bugs no relacionados con seguridad ni ofrece soporte técnico.
En cuanto a costes, el primer año ronda los 61 dólares por equipo y se encarece cada año sucesivo. En el Espacio Económico Europeo, los consumidores contarán con el primer año de ESU sin coste si usan su cuenta de Microsoft en el PC; las empresas, en cambio, deben pagar el programa.
La inscripción se realiza desde Configuración > Actualización y seguridad > Windows Update. En los equipos que no puedan pasar a Windows 11, aparecerá el enlace para unirse a ESU cuando esté disponible. Es una solución temporal, pensada como puente hasta la migración.
Cómo comprobar si puedes actualizar y qué hacer si falla
Entra en Inicio > Configuración > Actualización y seguridad > Windows Update > Buscar actualizaciones y verifica si tu dispositivo es apto para la actualización gratuita. Si lo es, podrás migrar con el asistente oficial.
En las últimas semanas se ha detectado un fallo en Media Creation Tool (MCT) al ejecutarse en algunos Windows 10, reconocido por Microsoft. Si MCT no arranca, hay alternativas: descarga la ISO oficial de Windows 11 desde la web de Microsoft, móntala y ejecuta "setup.exe" para iniciar la instalación.
Otra opción es utilizar Rufus para crear un USB de arranque con la ISO de Windows 11 e instalar en limpio. Conviene hacer copia de seguridad antes y, si es posible, probar primero una actualización in situ para conservar datos y programas.
Si tu PC no cumple los requisitos: opciones y límites
El escollo más habitual es TPM 2.0. En muchos equipos está disponible pero desactivado, así que entra en la UEFI/BIOS y comprueba si puedes activarlo. Esto, junto con Secure Boot, suele ser clave para pasar el control de compatibilidad.
Existen métodos no oficiales que relajan los requisitos (por ejemplo, mediante utilidades de instalación o ajustes de registro como la clave AllowUpgradesWithUnsupportedTPMorCPU). Funcionan en ciertos casos, pero Microsoft puede bloquearlos y no están cubiertos por soporte.
Si el hardware es demasiado antiguo, quizá convenga plantear la sustitución del equipo o valorar alternativas como alguna distribución de Linux en equipos que se usan para tareas básicas y no dependan de aplicaciones específicas de Windows.
Impacto en empresas y en España
El fin de soporte llega con millones de PC aún en Windows 10 a nivel global. Análisis del sector cifran en decenas de millones los dispositivos empresariales que seguirán en este sistema, lo que eleva el riesgo operativo y los costes de soporte temporal.
En España, estimaciones recientes sitúan en torno a tres millones los equipos corporativos que pueden quedar expuestos a partir de ahora, mientras que otras fuentes amplían el número de PC pendientes de actualización si se consideran también los entornos domésticos y pymes.
Las organizaciones que no hayan completado la migración recurrirán a ESU como medida puente, pero su coste escala año a año. Fabricantes y proveedores tecnológicos han activado planes de renovación y consultoría para acelerar el paso a Windows 11 sin interrumpir la actividad.
Más allá del coste, hay un reto logístico: verificar compatibilidades de apps y controladores, planificar ventanas de mantenimiento y formar a usuarios en nuevas funciones (como Copilot o mejoras de multitarea) para minimizar el impacto en la productividad.
Breve contexto y legado de Windows 10
Windows 10 cierra un ciclo tras una década de protagonismo en el escritorio. Fue el relevo que recondujo la experiencia clásica tras los cambios de Windows 8/8.1, y llegó a dominar el mercado durante años con cuotas muy altas.
El adiós no es menor: nunca una versión de Windows llegó al fin de soporte con tanta implantación. A partir de aquí, la estrategia de Microsoft se centra en Windows 11 y en una etapa marcada por la seguridad reforzada y la inteligencia artificial.
Para quienes aún permanezcan en Windows 10, la hoja de ruta pasa por migrar a corto plazo o acogerse a ESU como medida transitoria, reforzar la higiene digital y planificar el cambio con datos en la mano.
Con el soporte finalizado, toca decidir: o dar el salto a Windows 11 con garantías (aprovechando la actualización gratuita cuando sea posible) o apurar ESU con el menor riesgo, sabiendo que es una solución temporal y que la compatibilidad y la seguridad se irán estrechando.
