WhatsApp estrena cuentas para menores controladas por los padres

Última actualización: marzo 12, 2026
  • WhatsApp lanza cuentas específicas para menores gestionadas por padres o tutores, vinculadas a la cuenta adulta.
  • Las cuentas infantiles se limitan a mensajes y llamadas, con configuraciones estrictas y sin funciones como canales o IA.
  • Los adultos deciden quién puede contactar al menor, qué grupos puede crear o unirse y gestionan permisos mediante un PIN.
  • La medida se enmarca en el debate europeo sobre edad mínima, salud mental y regulación del acceso de los menores a redes sociales.

WhatsApp cuentas menores supervisadas

WhatsApp ha dado un paso importante en cómo usan la mensajería los más jóvenes con el lanzamiento de cuentas específicas para menores que son administradas en todo momento por sus padres o tutores. Se trata de un modelo pensado para preadolescentes, con la vista puesta especialmente en España y el resto de Europa, donde el debate sobre la edad de acceso a redes y aplicaciones digitales está al rojo vivo.

Con esta nueva modalidad, los menores podrán utilizar WhatsApp únicamente para enviar mensajes y realizar llamadas, mientras que los adultos responsables mantendrán el control sobre la configuración, los contactos y la privacidad. La compañía, propiedad de Meta, enmarca la medida en el contexto de creciente preocupación por la salud mental, la seguridad en línea y la exposición temprana a redes sociales.

Cómo son las nuevas cuentas de WhatsApp para menores

Estas nuevas cuentas nacen como una versión de WhatsApp adaptada a usuarios que aún no han alcanzado la edad de uso estándar, con límites claros en las funciones disponibles. La plataforma explica que están diseñadas para preadolescentes, en torno a los 13 años en la mayoría de países europeos y 14 años en el caso de España, en línea con la normativa local sobre protección de datos de menores y la verificación de edad.

WhatsApp detalla que estas cuentas se desplegarán de forma gradual a nivel global durante los próximos meses, con la intención de ir afinando el sistema en función de los comentarios de familias y expertos en seguridad infantil. El objetivo declarado es ofrecer una forma de comunicación familiar que resulte más segura y respetuosa con la privacidad que otras alternativas.

Desde el primer momento, las cuentas infantiles llegan con “configuraciones estrictas” activadas por defecto, centradas casi exclusivamente en mensajes y llamadas. Quedan fuera características que la compañía considera más sensibles para este público, como los canales, los estados o las experiencias basadas en inteligencia artificial de Meta.

La propia empresa subraya que la idea surgió tras recibir peticiones de familias que pedían una versión de mensajería orientada a menores de 13-14 años, con más supervisión adulta y menos distracciones. En lugar de prohibir por completo el acceso, WhatsApp intenta ofrecer una vía intermedia que permita cierta autonomía al menor, pero en un entorno más guiado.

Requisitos de edad y diferencias entre España y el resto de Europa

Uno de los puntos clave de esta novedad es la adaptación a las distintas edades mínimas de uso fijadas por cada país. En España, la plataforma sitúa el uso de estas cuentas gestionadas por padres para menores de 14 años, mientras que en la mayoría de países europeos se orientan a menores de 13 años, en línea con el marco comunitario de protección de datos.

En la práctica, esto implica que en España los adolescentes a partir de 14 años pueden optar ya por una cuenta estándar, mientras que los menores de esa edad deberían utilizar esta nueva modalidad supervisada si quieren estar en la aplicación. En el resto de Europa, el corte general se mantiene en los 13 años, aunque algunos estados avanzan propuestas para elevarlo.

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Cuando el menor alcanza la edad para tener una cuenta normal, WhatsApp enviará una notificación tanto al adolescente como a sus padres explicando que su perfil puede dejar de estar administrado. No obstante, los adultos seguirán teniendo la posibilidad de retrasar ese cambio hasta un máximo de doce meses adicionales, de modo que la transición sea más gradual si la familia así lo considera.

Este enfoque flexible intenta equilibrar la normativa, las diferencias entre países y las preocupaciones de los progenitores, que a menudo se encuentran entre el deseo de proteger y la presión social para que sus hijos usen las mismas apps que sus amigos.

Vinculación de dispositivos y creación de la cuenta del menor

Para poner en marcha estas cuentas, el proceso de alta está pensado para que sea imposible hacerlo sin la participación activa de un adulto. El requisito básico es disponer del teléfono del menor y del dispositivo del padre, madre o tutor al mismo tiempo.

En primer lugar, será necesario instalar WhatsApp en el móvil del menor y seleccionar la opción de crear una cuenta administrada por un adulto. Durante este registro, la aplicación solicitará el número de teléfono que usará el menor y su fecha de nacimiento, con el fin de confirmar que se trata de un usuario que aún no ha alcanzado la edad estándar.

Una vez introducidos estos datos, el adulto responsable deberá escanear un código QR desde su propio teléfono para enlazar ambos dispositivos. Esta vinculación garantiza que la cuenta infantil queda asociada a la cuenta del progenitor o tutor, que será quien gestione los parámetros sensibles.

En el paso siguiente, el padre o la madre establecerá un PIN parental, que actúa como llave de acceso a todos los controles de seguridad y privacidad. Sin ese código, el menor no podrá modificar la configuración, ni relajar las restricciones ni desactivar las protecciones definidas.

Tras completar todo el proceso, el menor tendrá margen para personalizar algunos elementos básicos de su perfil, como el nombre visible o la foto, pero siempre dentro de un contexto en el que las opciones críticas continúan bajo supervisión adulta.

Qué control tendrán padres y tutores sobre las cuentas

La pieza central del sistema son las herramientas que permiten a los adultos decidir con quién y cómo se relaciona el menor dentro de la aplicación. WhatsApp indica que, una vez creada la cuenta, padres y tutores controlan directamente la mayoría de ajustes relevantes.

En la práctica, el adulto podrá definir qué contactos tienen permiso para escribir al menor y desde qué números se pueden recibir llamadas. También decidirá a qué grupos puede unirse la cuenta infantil, si el menor está autorizado a crearlos por su cuenta y qué ocurre cuando alguien intenta añadirle sin consentimiento previo.

La plataforma permite además revisar y aprobar las solicitudes de mensajes que lleguen desde números desconocidos. De este modo, se reduce el riesgo de que el menor entable conversaciones con personas que los padres no conocen o no consideran adecuadas, algo que preocupa especialmente en casos de acoso, grooming o intentos de estafa.

Otra de las funciones previstas es el envío de avisos al adulto cuando el menor modifica elementos sensibles de su perfil, como la fotografía, el nombre visible o la creación de nuevos grupos. Es una forma de mantener cierto seguimiento sin necesidad de revisar constantemente el teléfono del hijo.

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Todo este abanico de controles pretende dar a los padres una sensación de mayor capacidad de respuesta ante posibles situaciones de riesgo, sin que ello suponga leer directamente las conversaciones privadas de sus hijos.

Funciones desactivadas y experiencia limitada para los menores

Estas cuentas para preadolescentes no son un simple clon de la versión habitual de WhatsApp, sino que llegan recortadas en varias funciones que la compañía considera prescindibles o delicadas a estas edades. El diseño busca reducir la exposición a contenidos, contactos y dinámicas propias de los usuarios adultos.

En primer lugar, la experiencia del menor se centra exclusivamente en las llamadas y los mensajes. Herramientas como los canales, pensados para seguir a medios, creadores o instituciones, quedan fuera del alcance de estas cuentas hasta que el usuario alcance la edad estándar.

Del mismo modo, no estarán disponibles las funciones vinculadas a la inteligencia artificial de Meta, que han ido llegando a la aplicación en algunos mercados. WhatsApp considera que este tipo de asistentes y experiencias automatizadas no forman parte del núcleo básico de mensajería que se quiere ofrecer a los menores.

La compañía también limita características relacionadas con la gestión avanzada de chats. Por ejemplo, los mensajes que desaparecen no podrán utilizarse en conversaciones individuales de este tipo de cuentas, buscando evitar que la falta de registro complique la detección de comportamientos problemáticos.

En este contexto, las cuentas para menores se convierten en una versión más sencilla y acotada de la aplicación, orientada a que los primeros pasos en la mensajería digital sean más controlados y no tan parecidos a la experiencia completa de un adulto.

Privacidad, cifrado y PIN parental como barrera de seguridad

Uno de los mensajes que WhatsApp repite de forma insistente es que, incluso en estas cuentas gestionadas por adultos, las conversaciones personales siguen protegidas por cifrado de extremo a extremo. Es decir, ni la plataforma, ni terceros ajenos, ni siquiera Meta pueden leer o escuchar los mensajes y llamadas intercambiados.

Esto significa que, aunque los padres controlen quién puede contactar con el menor y qué tipo de grupos se permiten, no accederán al contenido de las conversaciones a través de la propia interfaz de WhatsApp. El enfoque de la empresa pasa por dar herramientas de supervisión estructural, sin convertir la app en un sistema de espionaje directo.

La configuración sensible de la cuenta infantil —contactos autorizados, grupos, permisos o cambios de perfil— queda protegida por un PIN de padres almacenado en el dispositivo administrado. Solo quienes conozcan ese código pueden entrar en el menú de ajustes y modificar los parámetros de seguridad.

El uso del PIN pretende impedir que el menor desactive por su cuenta las restricciones o afloje los controles pensados por su familia. En el plano técnico, se suma a otras capas de protección, como el uso de códigos de verificación y sistemas de autenticación, que la plataforma refuerza tras diversos casos de robo de cuentas y estafas.

Según la compañía, este equilibrio entre cifrado, controles parentales y protección mediante PIN busca conciliar dos exigencias que a menudo chocan: la privacidad de las comunicaciones y la supervisión responsable de los adultos.

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Un lanzamiento en plena polémica sobre menores y redes sociales

La llegada de estas cuentas gestionadas por padres se produce en un momento en el que Europa vive un intenso debate sobre el uso de redes sociales y mensajería por parte de menores. Gobiernos y organismos reguladores estudian cómo frenar los riesgos sin cortar de raíz la conexión digital de los jóvenes.

En España, el Ejecutivo ha manifestado su intención de restringir el acceso de los menores de 16 años a determinadas plataformas y servicios digitales, dentro de una estrategia más amplia de protección de la infancia en internet. Francia y Reino Unido trabajan igualmente en reformas para elevar la edad de entrada o exigir controles más contundentes a las tecnológicas.

A este contexto se suma el precedente de Australia, que se convirtió en uno de los países pioneros en limitar el uso de redes sociales a adolescentes por motivos de salud mental. Estas decisiones han alimentado un debate internacional sobre el equilibrio entre libertad digital y protección de la infancia.

Las propias aplicaciones de mensajería han sido objeto de escrutinio, no solo por el impacto psicológico del uso intensivo, sino también por casos de ciberfraude, robos de cuentas y engaños para obtener códigos de verificación. Estos incidentes han puesto sobre la mesa la necesidad de reforzar las medidas de seguridad técnica y educativa.

Con este movimiento, Meta —matriz de WhatsApp e Instagram— trata de responder a la presión de padres, reguladores y expertos, ofreciendo más herramientas de control familiar sin renunciar a su modelo de comunicación cifrada.

La estrategia de Meta con menores: de WhatsApp a Instagram

El anuncio de las cuentas de WhatsApp administradas por padres llega poco después de que Meta avanzara nuevas funciones de supervisión en otra de sus grandes plataformas, Instagram. En este caso, la compañía se centró en detectar búsquedas reiteradas de términos relacionados con el suicidio o la autolesión por parte de menores.

Según ha explicado la empresa, la red social enviará avisos a los padres cuando sus hijos busquen de forma repetida este tipo de contenidos, siempre que las familias hayan activado las herramientas de supervisión parental. La medida arranca en Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá, con previsión de extenderse a otras regiones más adelante.

Ambos movimientos muestran una línea de actuación en la que Meta intenta reforzar su imagen de compañía preocupada por la salud mental y la seguridad de los menores, al tiempo que trata de adelantarse a posibles obligaciones legales más estrictas que puedan llegar desde Bruselas o de los gobiernos nacionales.

En el caso concreto de WhatsApp, la compañía insiste en que estas cuentas se han desarrollado con la colaboración de expertos y familias, con la intención de ofrecer “la manera más segura y privada para que las familias se comuniquen”. Queda por ver cómo se trasladará esto a la práctica diaria y qué ajustes se introducirán tras los primeros meses de uso.

Para muchas familias españolas y europeas, esta nueva opción puede convertirse en un punto intermedio entre prohibir por completo el uso de la aplicación y permitir un acceso sin filtros, especialmente en una etapa en la que los menores empiezan a reclamar más autonomía digital pero aún necesitan acompañamiento y límites claros.

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