- Operation Bluebird ha lanzado Twitter.now, una nueva red social que recupera el nombre, el logo y funciones del Twitter original, con acceso anticipado de pago.
- La startup sostiene que X Corp. abandonó los derechos sobre las marcas 'Twitter' y 'tweet' tras el cambio a X, mientras que la empresa de Elon Musk lo niega y mantiene una demanda activa.
- El juez Colm Connolly expresó dudas preliminares sobre los derechos de X, pero aún no ha emitido una orden escrita, dejando el futuro legal del nombre en el aire.
- Twitter.now incorpora VERA, un sistema de verificación basado en Gemini, y promete una moderación basada en 'libertad de expresión, no libertad de alcance'.
El nombre que marcó una era en las redes sociales ha vuelto a la palestra, pero esta vez no de la mano de Elon Musk. Twitter.now, la nueva plataforma impulsada por la startup Operation Bluebird, ya está operativa en fase de acceso anticipado, recuperando la esencia del antiguo Twitter con un diseño y unas funciones que resultarán muy familiares a quienes vivieron la época dorada del pájaro azul. La compañía, con sede en Virginia, ha decidido dar el paso pese a la batalla legal abierta con X Corp., la empresa propietaria de la actual X, que no está dispuesta a ceder el nombre sin pelear.
La historia arranca en diciembre de 2025, cuando Operation Bluebird presentó una solicitud ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO) para cancelar los registros de X sobre las palabras ‘Twitter’ y ‘tweet’, argumentando que la compañía de Musk había abandonado esas marcas al sustituir la identidad original por X. La respuesta de X Corp. no se hizo esperar: demandó a la startup ante un tribunal federal de Delaware y pidió una medida cautelar para frenar el lanzamiento. Sin embargo, en una audiencia celebrada en abril de 2026, el juez Colm Connolly expresó dudas preliminares sobre los derechos de X, lo que Operation Bluebird interpretó como una luz verde para seguir adelante.
Quién está detrás de Twitter.now y cómo funciona

Operation Bluebird está liderada por Stephen Coates, ex asesor jurídico de la Twitter original, y Michael Peroff, abogado especializado en marcas. Coates, que trabajó en la plataforma antes de la compra de Musk, ha explicado a medios como Ars Technica que la idea nació al ver que X Corp. retiraba la marca Twitter sin intención aparente de volver a usarla. ‘En nuestra opinión, X ha abandonado sus derechos sobre las marcas Twitter y Tweet’, declaró, añadiendo que la empresa cuenta con inversores y un producto operativo desde hace meses.
La plataforma, accesible en twitter.now, ofrece una experiencia muy similar a la del Twitter clásico: panel lateral con feed, explorar y notificaciones, un botón central para publicar mensajes y un panel derecho con tendencias personalizadas. El acceso anticipado tiene un coste de 20 dólares (unos 17 euros), que otorga el estatus de ‘fundador’, un número de orden, una insignia en el perfil y la reserva del nombre de usuario antes de la apertura pública. También existe una opción de 40 dólares o más, denominada ‘fighter’, pensada para financiar la batalla legal contra X. En la web se lee un mensaje directo: ‘El hombre más rico del mundo lo compró y lo arruinó. Somos un pequeño equipo que está recuperando Twitter, reconstruido sobre la confianza’.
La batalla legal por la marca Twitter
El conflicto jurídico es el corazón de esta historia. X Corp. sostiene que el cambio de nombre a X no implicó renunciar a los derechos sobre Twitter, y recuerda que millones de usuarios siguen accediendo a la plataforma a través de twitter.com. De hecho, la compañía presentó ante el tribunal un dato llamativo: solo el 11 de diciembre de 2025, más de cuatro millones de personas entraron al servicio usando la antigua dirección. Ese argumento busca demostrar que la identidad original nunca quedó completamente abandonada.
Por su parte, Operation Bluebird se apoya en la legislación estadounidense, que establece que una marca se considera abandonada si no se usa comercialmente durante tres años consecutivos con intención de no retomarla. La startup ha pedido la cancelación de diez registros de X, aunque ese procedimiento administrativo está suspendido mientras avanza el litigio federal. El juez Connolly, en la audiencia de abril, señaló que X ‘parecía haber renunciado’ a sus reclamaciones sobre ‘tweet’ y el logotipo del pájaro, y dejó abierta la cuestión sobre la palabra ‘Twitter’. Sin embargo, todavía no ha emitido una orden escrita, y el abogado de marcas Josh Gerben advierte que, aunque la teoría de Bluebird es ‘viable’, el caso está lejos de resolverse.
VERA, la apuesta por la verificación con IA
Más allá de la nostalgia, Twitter.now quiere diferenciarse con tecnología. La plataforma ha anunciado VERA, un sistema de verificación automatizada basado en Gemini, el modelo de inteligencia artificial de Google. Según Coates, VERA analiza cada publicación para ofrecer contexto o advertencias sobre su veracidad, y se ha probado con mensajes deliberadamente falsos, como afirmar que George Washington fue el segundo presidente de Estados Unidos. La idea es que los usuarios puedan decidir qué contenido consumen, en línea con la filosofía de la compañía: ‘libertad de expresión, no libertad de alcance’.
Ese principio significa que el contenido dañino o inexacto no será recompensado con mayor difusión, pero tampoco será eliminado. En lugar de prohibir publicaciones, la plataforma ofrecerá un ‘Trust Dial’ para que cada usuario ajuste un umbral de confianza y filtre lo que aparece en su timeline. La propuesta, que recuerda a los debates actuales sobre moderación en redes sociales, es ambiciosa, pero de momento solo existe como descripción en la web, sin una aplicación funcional que se pueda probar a gran escala.
Qué significa esta disputa para el futuro de las redes sociales
El caso Operation Bluebird contra X Corp. trasciende lo anecdótico. Plantea preguntas serias sobre el valor de las marcas en la era digital y sobre qué ocurre cuando una empresa decide renunciar a una identidad consolidada. Para los expertos, el precedente podría animar a otros a reclamar marcas que consideren abandonadas, especialmente en un sector donde los nombres cambian con rapidez. La profesora Alexandra Roberts, de la Northeastern University, recuerda que existe el concepto de ‘buena voluntad residual’: aunque una marca no se use, los consumidores pueden seguir asociándola con su dueño original, lo que complica los intentos de apropiación.
En España, la noticia ha tenido un eco especial. Twitter fue durante más de una década el ágora informativa del país, escenario de debates electorales, convocatorias ciudadanas y conversación en tiempo real. Tras la compra por Musk y el cambio a X, muchos usuarios emigraron a alternativas como Threads o Bluesky, pero ninguno ha logrado replicar la escala y el reconocimiento del original. Twitter.now llega con la promesa de recuperar esa plaza pública, pero tendrá que demostrar que puede atraer a una comunidad suficiente y, sobre todo, que puede conservar el nombre cuando termine el litigio.
Por ahora, la plataforma cuenta con cientos de usuarios y un modelo de pago que financia tanto el desarrollo como la defensa legal. La próxima orden escrita del juez Connolly será el hito a seguir, pero el simple hecho de que Twitter.now esté operativo ya es un hito en sí mismo. La startup ha convertido una disputa sobre marcas en una red social real, y ha logrado que la nostalgia se convierta en un activo empresarial. Queda por ver si ese activo es suficiente para sostener un proyecto que, por ahora, camina en la cuerda floja entre la memoria y la ley.
La historia de Twitter.now es, en el fondo, la historia de un nombre que se resiste a desaparecer. Mientras X Corp. defiende sus derechos y Operation Bluebird intenta demostrar que fueron abandonados, los usuarios observan con curiosidad cómo se escribe un nuevo capítulo de la red social que marcó a una generación. El desenlace judicial determinará si el pájaro azul vuelve a volar en solitario o si este proyecto deberá buscar otra identidad. Pero, por ahora, Twitter.now ya ha conseguido algo que parecía imposible: que volvamos a hablar de Twitter como algo más que un recuerdo.

