- Telegram solicita a ICANN el dominio .gram para ofrecer direcciones personalizadas a sus usuarios.
- El proceso de aprobación podría alargarse hasta 2028, con un coste de 227.000 dólares.
- La medida busca reducir la dependencia de terceros tras el bloqueo de t.me.
- El nombre .gram recupera el token original de Telegram, ahora vinculado a TON.
Telegram ha vuelto a mover ficha. La compañía dirigida por Pavel Durov ha presentado formalmente una solicitud ante la ICANN (Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números) para obtener el control del dominio de nivel superior .gram. Si la petición prospera, los más de mil millones de usuarios de la plataforma podrían disponer de direcciones web personalizadas con el formato tunombre.gram, y además crear sitios interactivos alojados directamente en la infraestructura de Telegram.
El anuncio lo hizo el propio Durov a través de su cuenta en X el pasado 18 de agosto. En su mensaje, el fundador de Telegram explicó que, de recibir la aprobación de ICANN, los usuarios podrían generar sus páginas web con un solo prompt, es decir, describiendo en lenguaje natural lo que quieren y dejando que un sistema de inteligencia artificial se encargue del resto. La propuesta llega en un momento en el que Telegram busca reducir su dependencia de terceros, después de sufrir un bloqueo temporal de sus enlaces t.me el pasado mes de julio.

Una solicitud formal ante ICANN
La solicitud de .gram se enmarca en el programa de nuevos dominios genéricos de nivel superior (gTLD) que ICANN abrió en 2026. La ventana de presentación de solicitudes cerró el 12 de agosto, y según los datos facilitados por la organización, se recibieron más de 1.600 candidaturas, entre las que se encontraría la de Telegram. La entidad tiene previsto publicar el listado completo de solicitantes a finales de octubre, en una jornada conocida como Reveal Day.
A partir de ahí, se abrirá un periodo de más de cien días para que gobiernos y titulares de marcas presenten objeciones formales. Solo después de superar todas las fases, y si no hay contratiempos, se procedería a la delegación inicial del dominio, algo que no ocurriría antes de finales de 2027 o ya en 2028. La tarifa de solicitud fijada por ICANN ronda los 227.000 dólares, una cantidad que para una empresa del tamaño de Telegram es un gasto menor.
Sin embargo, el proceso no es solo económico: la compañía deberá demostrar su capacidad técnica para operar un registro de dominios, y tendrá que firmar un acuerdo con un proveedor de servicios de registro evaluado por la propia ICANN. Hasta ahora, Telegram no ha revelado qué proveedor utilizará ni ha dado detalles sobre cómo se asignarán los dominios, si serán gratuitos, de pago o vinculados a los nombres de usuario existentes. La falta de transparencia genera incertidumbre entre los usuarios, que esperan conocer las condiciones antes de lanzarse a comprar un dominio web propio.
El largo camino hacia la aprobación
El camino hacia la aprobación de .gram no será rápido. Además de las fases ya mencionadas, ICANN deberá evaluar la solicitud desde el punto de vista técnico, económico y de seguridad. También habrá que resolver posibles disputas con marcas registradas que puedan sentirse afectadas por el uso de la extensión. En el pasado, otras solicitudes de dominios genéricos han tardado años en materializarse, y algunas han sido rechazadas o han quedado en el limbo.
Telegram tendrá que demostrar que es capaz de operar un registro de dominios de forma fiable y segura. La compañía no ha dado detalles sobre cómo gestionará las altas, las bajas o las disputas entre usuarios. Tampoco ha explicado si los sitios web creados con .gram serán públicos, si tendrán moderación de contenidos o qué ocurrirá si un usuario infringe las normas. Todas estas cuestiones deberán resolverse antes de que el dominio pueda estar operativo.

El incidente de t.me y la búsqueda de autonomía
Uno de los motivos que podrían explicar esta decisión es el bloqueo que sufrieron los enlaces t.me el pasado 13 de julio. Durante 19 horas, el acceso a esos enlaces, que Telegram utiliza para invitar a canales y grupos, quedó suspendido porque el registrador del dominio .me aplicó un código técnico de suspensión. Telegram no pudo revertir la situación por sí misma, ya que no era la propietaria de esa infraestructura, sino una clienta más.
Un dominio propio como .gram eliminaría ese punto débil, porque sería la propia compañía la que decidiría cuándo y por qué aplicar bloqueos, sin depender de terceros. Este episodio puso de manifiesto la vulnerabilidad de Telegram ante decisiones externas. Aunque el bloqueo no afectó a la aplicación en sí, sí interrumpió una herramienta clave para compartir enlaces y acceder rápidamente a contenidos.

El regreso del nombre Gram
La elección de .gram no es casual. Gram fue el nombre original del token con el que Telegram quiso financiar su propia red blockchain en 2017, un proyecto que la compañía abandonó en 2020 tras una demanda de la SEC estadounidense. La comunidad que heredó el proyecto lo rebautizó como Toncoin, pero a mediados de 2026, una votación comunitaria aprobó recuperar el nombre Gram para el activo nativo de The Open Network (TON).
Además, Durov anunció el 21 de julio una cartera cripto sin custodia bajo ese mismo nombre, pensada para los usuarios de Telegram. Hay que aclarar que ya existe un proyecto independiente de nombres de dominio .gram dentro del ecosistema TON, gestionado por la comunidad y sin relación directa con esta solicitud de Telegram a ICANN. La propuesta de Durov se enmarca en la infraestructura convencional de dominios, no en un sistema basado en blockchain.
Contexto legal y regulatorio
La solicitud de .gram llega en un momento de tensiones legales para Telegram y su fundador. Rusia emitió a finales de julio una orden de búsqueda internacional contra Durov, acusándole de colaborar con el terrorismo por la negativa de Telegram a entregar datos de usuarios. Francia mantiene abierta una investigación desde su detención en 2024, y la aplicación sufrió una suspensión temporal en la App Store de Apple a principios de agosto por contenido que infringía las directrices de la compañía.
Controlar su propia infraestructura de dominios encaja con el discurso de Durov de reducir la dependencia de terceros, ya sean registros de dominios, tiendas de aplicaciones o gobiernos. Sin embargo, un dominio propio no ofrece inmunidad frente a bloqueos de redes, restricciones en tiendas de aplicaciones o acciones legales contra la compañía. La experiencia de Telegram demuestra que la disponibilidad de un servicio depende de múltiples capas, y .gram no cambiaría eso por completo.

En definitiva, la solicitud de .gram representa un paso más en la ambición de Telegram por convertirse en una plataforma integral, donde los usuarios no solo se comuniquen, sino que también tengan su propia presencia web. El proceso ante ICANN es largo y complejo, y no hay garantías de que la extensión acabe siendo aprobada. Pero si lo consigue, Telegram habrá dado un salto significativo hacia la autonomía digital, aunque todavía quedan muchas incógnitas sobre cómo se implementará y qué implicaciones tendrá para los usuarios.




