- Utiliza un formato de película 15/70 con proyección horizontal que ofrece una resolución equivalente a 9,3K digital.
- Diferencia entre el True IMAX (analógico de 70mm) y el IMAX Digital, variando la relación de aspecto y la nitidez.
- Implementa una arquitectura de sala con asientos inclinados y pantallas gigantes para cubrir el campo visual humano.
Seguro que alguna vez has visto en el tráiler de una superproducción el logotipo de IMAX y has sentido que, si no la ves en esa sala, te estás perdiendo la mitad de la película. No es una simple estrategia de marketing; estamos hablando de una tecnología diseñada para absorberte por completo, llevándote literalmente dentro de la acción gracias a una escala visual y sonora que deja al cine convencional a rasca.
Pero, ¿qué hay realmente detrás de esas cuatro letras? No se trata solo de poner una pantalla gigante en una pared, sino de todo un ecosistema de ingeniería que abarca desde cámaras especiales que pesan más que un atleta olímpico hasta una arquitectura de salas pensada para que tu campo de visión quede totalmente cubierto. Vamos a desgranar a fondo cómo funciona este formato y por qué sigue siendo el sueño húmedo de los directores más exigentes.
El camino hacia la imagen máxima

La obsesión por hacer que el cine fuera más impactante no es nueva. Ya en 1929 se probó el Fox Grandeur con 70mm, aunque no cuajó. Más tarde, en los 50, llegaron el CinemaScope y el VistaVision para intentar ampliar el encuadre, pero todo era un poco rudimentario. El verdadero cambio llegó tras la Expo 67 en Montreal, donde un grupo de visionarios se dio cuenta de que un solo proyector potente era mucho más viable que montar sistemas de múltiples pantallas, que eran un auténtico quebradero de cabeza técnico. Así nació Multiscreen, que poco después cambiaría su nombre a IMAX (Image Maximum).
Los inicios fueron modestos, empezando con documentales como Tiger Child en la Expo 70 de Japón. Con el tiempo, el formato fue ganando terreno, instalando salas permanentes en Toronto y San Diego. Un hito curioso fue la Expo 74 en Washington, donde montaron una pantalla de 27×20 metros que envolvía la visión del espectador, creando una sensación de movimiento casi real, aunque irónicamente aquella instalación terminó siendo demolida para hacer un aparcamiento.
La magia técnica: El formato 15/70
Para entender por qué la calidad es tan brutal, hay que mirar el celuloide. Mientras que el cine estándar usa 35mm, el IMAX clásico utiliza el sistema 15/70. Esto significa que la película tiene 70mm de ancho y que cada fotograma ocupa 15 perforaciones. Para que te hagas una idea, el tamaño del fotograma es diez veces superior al de una película convencional de 35mm y tres veces más grande que el 70mm estándar.
Otro detalle clave es que la película no se corre verticalmente, sino horizontalmente mediante una técnica llamada Rolling Loop. Esto es necesario porque un rollo de solo 45 minutos puede llegar a pesar 140 kilos y medir casi 5 kilómetros; si se proyectara en vertical, el peso y la tensión romperían el material. El resultado final es una imagen con una nitidez y un nivel de detalle que equivale aproximadamente a un 9,3K digital, superando por mucho la resolución de cualquier proyector estándar.
Diferentes tipos de salas: ¿Es todo IMAX real?

Aquí es donde mucha gente se confunde. No todas las salas que llevan el logo son iguales. Existe el llamado True IMAX o IMAX auténtico, que utiliza proyectores de película de 70mm. Son muy pocos en el mundo (apenas unas 41 salas), pero son los únicos capaces de mostrar la película exactamente como el director la filmó en analógico.
- IMAX Clásico: Proyección analógica horizontal, pantallas gigantescas y una relación de aspecto de 1.43:1, que es casi cuadrada y ofrece la máxima inmersión.
- IMAX Digital: Un sistema más económico que usa proyectores 2K o Láser 4K. Es el más común en los multicines (diseño Multiplex) y utiliza una relación de aspecto de 1.90:1.
- IMAX con Certificación: Desde 2020, IMAX certifica cámaras digitales (como la Arri Alexa LF o la Sony Venice) que, aunque no son celuloide, cumplen con los estándares de calidad para proyectarse en sus pantallas.
Además, la arquitectura de la sala es fundamental. Los asientos no están planos, sino con una inclinación de hasta 30 grados para que el espectador mire a la pantalla directamente y no se canse el cuello, asegurando que la imagen llene todo su campo visual.
El factor Christopher Nolan y la evolución
Si IMAX es hoy una marca global, gran parte de la culpa la tiene Christopher Nolan. Este director es un purista del celuloide y ha empujado la tecnología al límite. Empezó usando IMAX solo para escenas de acción en El caballero oscuro porque las cámaras eran ruidosas y pesadas, imposibilitando grabar diálogos. Pero no se quedó ahí y presionó a la compañía para crear equipos más manejables.
El salto definitivo llega con La Odisea (2026), la primera película comercial rodada íntegramente con cámaras IMAX de 70mm. Para lograrlo, se usaron las nuevas cámaras Keighley, que son un 30% más silenciosas y permiten capturar actuaciones más naturales. Aun así, el proceso es una odisea: los rollos solo duran unos tres minutos, obligando a los actores a quedarse quieto mientras se cambia la cinta, y se ha tenido que diseñar carcasas de fibra de carbono para amortiguar el ruido.
Más allá del cine: VR y 3D
IMAX no se ha quedado solo en las salas. Han experimentado con la realidad virtual en el entretenimiento de alto nivel, colaborando con StarVR para crear cascos de 5K con una visión periférica impresionante. Aunque algunos centros de VR cerraron por ser proyectos demasiado ambiciosos o costosos, la tecnología sigue evolucionando. En cuanto al 3D, utilizan dos lentes separadas por 64mm (la distancia media entre ojos humanos) para crear una profundidad natural, evitando ese efecto artificial que cansa la vista en otros sistemas.
Para quienes buscan la mejor experiencia, los expertos recomiendan sentarse en el centro de la fila, pero un poco más allá de la mitad de la distancia total de la pantalla. Esto permite que la imagen abrace la visión periférica sin distorsionar los bordes, maximizando la sensación de estar físicamente dentro de la historia.
Desde sus humildes comienzos en exposiciones universales hasta convertirse en el estándar de oro de Hollywood, esta tecnología ha logrado que el cine sea algo más que ver una pantalla. Gracias a la combinación de un formato de película masivo, una arquitectura geométricamente optimizada y la terquedad de cineastas que se niegan a abandonar el grano del celuloide, IMAX se mantiene como el refugio del espectáculo puro, ofreciendo una calidad que el consumo doméstico no puede replicar.
