PS6 y la próxima Xbox en el aire por la crisis de la memoria RAM

Última actualización: diciembre 30, 2025
  • La demanda de memoria por la inteligencia artificial ha disparado el precio de la RAM y la DRAM a niveles históricos.
  • Sony y Microsoft valoran retrasar PS6 y la nueva Xbox más allá de la ventana 2027-2028.
  • Las consolas actuales podrían encarecerse y sufrir falta de stock a partir de 2026.
  • El coste de la memoria amenaza con convertir la próxima generación en la más cara de la historia.

Consolas de nueva generación y memoria RAM

La próxima generación de consolas, encabezada por PS6 y la futura Xbox, podría no llegar en la fecha que muchos jugadores daban casi por hecha. Lo que parecía una transición relativamente clara hacia nuevos sistemas entre 2027 y 2028 se ha complicado seriamente por un factor muy concreto: la escalada del precio y la escasez de memoria RAM.

En los últimos meses, fabricantes, analistas y filtradores bien conectados en la industria han puesto el foco en un problema que desborda al sector del videojuego: la inteligencia artificial está absorbiendo cantidades masivas de memoria DRAM y NAND, generando un cuello de botella que encarece tanto la RAM como el almacenamiento SSD. Y ese desequilibrio ya se está empezando a notar en las decisiones estratégicas de Sony y Microsoft.

La situación es especialmente delicada porque las consolas, tanto actuales como futuras, suelen venderse con márgenes muy ajustados, e incluso a pérdida en sus primeras fases. Con la memoria disparada de precio, ese modelo de negocio se tambalea, y las compañías empiezan a barajar escenarios que incluyen retrasar lanzamientos, subir precios o alargar el ciclo de vida de PS5 y Xbox Series.

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Desde distintas fuentes del sector, como Insider Gaming y otros medios especializados europeos, se repite la misma idea: la ventana 2027-2028 está en revisión. El debate ya no es solo qué potencia deben tener PS6 y la próxima Xbox, sino si será viable fabricarlas en masa sin que el precio al consumidor se dispare a niveles difíciles de asumir.

La IA se queda con la memoria: por qué la RAM se ha vuelto un problema global

Impacto de la IA en el precio de la RAM

En el origen de todo está el auge de la inteligencia artificial generativa y los grandes centros de datos. Gigantes tecnológicos de todo el mundo están acaparando memoria DRAM y chips NAND para alimentar sus servidores, lo que ha provocado un incremento de precio de varios cientos por ciento en algunos tipos de módulos. La RAM se ha convertido en un recurso estratégico, y los fabricantes priorizan los pedidos más rentables, generalmente los del sector de la IA.

Fuentes cercanas a proveedores como Samsung, SK Hynix o Micron apuntan a que la memoria destinada a servidores y entrenamiento de modelos de IA tiene ahora prioridad absoluta. Eso deja a otros mercados, como el de las consolas, en una posición secundaria, con menos capacidad de negociación y costes mucho más altos por cada gigabyte adquirido.

El efecto se ve ya en el mercado de consumo. En Europa, por ejemplo, se da la paradoja de que un kit de 64 GB de RAM para PC puede costar lo mismo que una PS5, un síntoma claro de lo descompensado que está el precio de la memoria respecto al del resto de componentes. Y no es solo cosa de la RAM: los SSD y otros soportes de almacenamiento también han empezado a encarecerse de manera notable.

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Algunos fabricantes de tarjetas SD han llegado a avisar de subidas de hasta un 123% en sus productos, reflejando el aumento de costes que ya están soportando por los chips de memoria. Es un entorno en el que resulta muy complicado planificar hardware asequible, especialmente si la prioridad es vender millones de unidades como ocurre con las consolas.

Y todo esto sucede mientras la demanda no da señales de enfriarse. Según distintas previsiones manejadas por la industria, el consumo de memoria asociado a la IA seguirá creciendo como mínimo hasta finales de la década, lo que descarta una solución rápida y obliga a pensar a medio y largo plazo.

PS6 y la próxima Xbox: de la ventana 2027-2028 a un horizonte más incierto

Posible retraso de PS6 y nueva Xbox

Hasta hace relativamente poco, la hoja de ruta interna de Sony y Microsoft apuntaba a una nueva generación de consolas entre 2027 y 2028. PS5 y Xbox Series X|S habrían cumplido entonces unos siete u ocho años de ciclo, una duración bastante habitual en la industria. Sin embargo, el panorama de la memoria ha entrado como un elefante en la cacharrería y está forzando a replantear esos planes.

Informaciones provenientes de Insider Gaming y otras fuentes con buen historial de aciertos señalan que ambas compañías ya están discutiendo la posibilidad de posponer el lanzamiento de PS6 y de la nueva Xbox, incluso más allá de 2028, si el mercado de la RAM no se estabiliza. No hay una decisión cerrada, pero sí un debate serio sobre si compensa salir pronto con precios muy altos o esperar a un escenario algo más favorable.

La clave está en que las nuevas consolas no solo necesitarán más potencia bruta, sino también mucha más memoria que las máquinas actuales. PS5 y Xbox Series X utilizan 16 GB de RAM GDDR6 compartida entre CPU y GPU, una cifra que ya empieza a quedar ajustada para determinados proyectos ambiciosos. De cara a la próxima generación, se maneja la posibilidad de subir considerablemente esa cantidad para soportar mundos más complejos, más IA en los juegos y mayores resoluciones y tasas de refresco.

El problema es que cada gigabyte adicional tiene ahora un coste mucho más elevado. A modo de referencia, datos manejados por analistas del sector estimaban que, a principios de 2025, cada GB de GDDR6 comprado en grandes volúmenes costaba entre 2,5 y 3 dólares. Para una consola con 16 GB, eso suponía unos 40-48 dólares solo en memoria. Con las subidas de los últimos meses, esas mismas fuentes sitúan el precio en torno a un 60% más caro, entre 72 y 88 dólares para una configuración similar.

Si se suma a la ecuación el almacenamiento SSD, el panorama se complica todavía más. Los SSD de 1 TB de gama media han pasado de rondar los 50-90 dólares a moverse entre 70 y 120 dólares. Traducido a una máquina tipo Xbox Series X, la factura de memoria y almacenamiento podría haber escalado desde unos 114 dólares iniciales a aproximadamente 175 dólares, con proyecciones que hablan de superar con facilidad los 200 dólares por consola si la tendencia continúa en 2026.

Una próxima generación potencialmente mucho más cara

Coste de la memoria en consolas de nueva generación

Con estos números encima de la mesa, no sorprende que los rumores apunten a precios sensiblemente más altos para PS6 y la nueva Xbox respecto a lo que vimos con PS5 y Xbox Series. Diversas filtraciones hablan de una PlayStation 6 que podría situarse entre 600 y 700 dólares/euros, mientras que el modelo de próxima generación de Microsoft, de corte más «premium» y cercano a un PC de sobremesa, se habría planteado inicialmente incluso por encima de los 1.000 euros.

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La propia Microsoft habría explorado una consola híbrida entre PC y Xbox, capaz de ejecutar tanto el catálogo de Xbox como bibliotecas de Steam, Epic o GOG, algo que en Europa sonaría muy atractivo para el usuario avanzado, pero que dispararía los costes de hardware. Con la memoria y el almacenamiento en máximos, esa apuesta se vuelve todavía más arriesgada.

El miedo de fondo es claro: lanzar nuevas consolas a precios excesivos podría frenar de golpe su adopción en mercados clave como el europeo, especialmente en un contexto económico incierto y con un coste de vida elevado. Tradicionalmente, Sony y Microsoft han apostado por un equilibrio delicado: vender consolas con poco margen y compensar con juegos, servicios y suscripciones. Pero ese modelo ya está sufriendo tensiones en la actual generación, donde PS5 y Xbox Series no solo no han bajado de precio de forma generalizada, sino que en algunos territorios se han encarecido.

En ese escenario, para las compañías puede resultar más lógico retrasar entre seis meses y un año la salida de PS6 y de la próxima Xbox antes que lanzarlas a un PVP que el público perciba como prohibitivo. Más aún si, como señalan algunos informes, la producción de DRAM tardará varios años en ponerse al día con la demanda de la IA.

La cuestión temporal no está nada clara. En los últimos meses han circulado informaciones que sitúan la posible normalización del mercado de memoria entre 2027 y 2030, pero los expertos coinciden en que ahora mismo es muy arriesgado poner una fecha. Todo depende de si la inversión en IA se sostiene, si hay una «burbuja» que acabe explotando o si la capacidad de fabricación se expande lo suficiente como para empezar a relajar los precios.

PS5, Xbox Series y Switch 2: una generación actual más larga y quizá más cara

El impacto de la crisis de la memoria no se limita a PS6 y la futura Xbox. Las consolas de la generación actual también están en el punto de mira. Diferentes informes manejados en el sector apuntan a que, a partir de 2026, podría haber menos stock disponible de PS5, Xbox Series X|S y la esperada Switch 2, acompañado de posibles nuevas subidas de precio.

De hecho, en algunos mercados ya se han visto reajustes al alza en el precio de Xbox Series X y determinados modelos de PS5. Sony ha optado por movimientos como reducir la capacidad de almacenamiento en ciertas revisiones (por ejemplo, de 1 TB a 825 GB) para no tener que encarecer todavía más el PVP, una jugada que refleja hasta qué punto los componentes de memoria condicionan cada decisión.

La consecuencia más probable de este contexto es que la generación actual se prolongue más de lo habitual. Con PS5 y Xbox Series rondando ya los cinco años de vida, la idea de una generación de siete años empieza a quedarse corta. Si el mercado de memoria no se relaja, no sería extraño ver un ciclo que se estira hasta los ocho, nueve o incluso diez años, con versiones mejoradas de las consolas actuales (como PS5 Pro) intentando tapar el hueco hasta la llegada de PS6 y la nueva Xbox.

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Nintendo juega aquí con algo más de margen. La compañía japonesa suele diseñar hardware menos costoso de fabricar que sus competidores directos, con un enfoque más eficiente y menos dependiente de memorias de última hornada. Eso le permite absorber mejor ciertas subidas de costes y ajustar precios con más flexibilidad, aunque tampoco está totalmente a salvo de la situación.

Mientras tanto, otros dispositivos del ecosistema gaming también se ven salpicados. Proyectos como la llamada Steam Machine o pequeños PCs de salón han tenido que retrasar lanzamientos o revisar al alza sus previsiones de precio, y fabricantes de portátiles como Lenovo o HP están posponiendo modelos por la misma razón: la memoria se ha convertido en el factor limitante.

Europa y España ante una posible oleada de encarecimientos

En el contexto europeo, y particularmente en España, todo este escenario tiene una lectura muy concreta: cualquier subida de precio en consolas y componentes se nota de inmediato en el bolsillo del jugador. El mercado español ha demostrado tradicionalmente una fuerte sensibilidad al precio, con una gran parte de las ventas concentradas en promociones, rebajas puntuales y packs con juegos incluidos.

Si PS6 y la próxima Xbox terminan situándose por encima de los precios de lanzamiento de la generación actual, y si además PS5, Xbox Series y Switch 2 experimentan nuevos incrementos o problemas de stock, es posible que muchos usuarios opten por alargar aún más la vida de sus consolas actuales, tirar de segunda mano o migrar parcialmente al PC, donde al menos hay más variedad de configuraciones y rangos de precio.

Las cadenas de distribución y las grandes superficies en Europa ya están empezando a planificar escenarios con menos unidades disponibles y costes de aprovisionamiento más altos. Eso podría traducirse en menos ofertas agresivas y menos rebajas profundas en consola, sustituidas por bundles con juegos o servicios para hacer más digerible el precio, pero sin recortes drásticos en el PVP del hardware.

Servicios como Game Pass, PlayStation Plus o las suscripciones a catálogos digitales podrían ganar aún más peso como vía para mantener el interés del público sin necesidad de renovar consola de inmediato. En un escenario donde el salto a nuevas máquinas resulte caro, es probable que las compañías apuesten por exprimir al máximo la base instalada actual con más juegos intergeneracionales y actualizaciones gratuitas o de bajo coste.

Además, no hay que olvidar que el calendario de lanzamientos de grandes juegos también se ajusta a este contexto. Títulos muy esperados como GTA 6 ya han sufrido cambios de fecha y podrían terminar encajando mejor en una generación que se alarga, dando más motivos a los jugadores para permanecer en PS5 y Xbox Series durante unos cuantos años adicionales.

Con todo este panorama, la sensación general en la industria es que la memoria RAM se ha convertido en el auténtico árbitro de los tiempos y los precios de la próxima generación de consolas. Si la demanda de IA sigue presionando y los fabricantes no logran ampliar lo suficiente su capacidad de producción, PS6 y la nueva Xbox podrían tardar más en llegar, costar bastante más de lo que muchos esperaban y obligar a Sony, Microsoft y al resto del sector a exprimir como nunca la generación actual antes de dar el salto definitivo.