PS6 se aleja: la nueva PlayStation apunta más tarde por la crisis de RAM

Última actualización: febrero 17, 2026
  • Sony baraja mover el lanzamiento de PS6 a 2028 o 2029 por la escasez y el alto precio de la memoria RAM.
  • La fiebre de la inteligencia artificial acapara la DRAM y encarece los chips clave para la próxima generación.
  • PS5 y PS5 Pro se consolidan como plataforma principal en España y Europa durante varios años más.
  • El retraso permite evitar una consola muy cara, pero alarga el ciclo actual y puede mantener precios altos de hardware.

Consola PlayStation futura afectada por escasez de RAM

La próxima consola de Sony, la hipotética PlayStation 6, comienza a perfilarse como una máquina que va a tardar bastante más en llegar de lo que muchos jugadores esperaban. Diversos análisis de la cadena de suministro apuntan a que la compañía japonesa está replanteando su calendario y se estaría inclinando por posponer el estreno de PS6 hasta 2028 o incluso 2029, alejándola de la ventana de 2027 que se barajaba hasta hace pocos meses.

El motivo no sería una falta de ambición tecnológica ni un frenazo en sus planes de hardware, sino un contexto industrial muy concreto: la escasez de memoria RAM y el fuerte encarecimiento de la DRAM están poniendo contra las cuerdas a cualquier fabricante que necesite grandes volúmenes de chips a precios razonables. En este escenario, lanzar una nueva consola de gama alta resultaría tan caro que obligaría a fijar un PVP muy agresivo o asumir pérdidas importantes durante años.

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Hasta ahora, Sony había seguido un patrón relativamente estable en sus lanzamientos: cada nueva PlayStation llegaba aproximadamente entre siete y ocho años después de la anterior. Con PS5 puesta a la venta en 2020, muchos analistas daban casi por hecho que PS6 aparecería alrededor de 2027, una fecha que encajaba además con previsiones de socios tecnológicos como AMD para su próximo gran salto de arquitectura.

Los informes recientes, sin embargo, dibujan un panorama distinto. Las fuentes consultadas describen cómo en la compañía se está valorando con seriedad mover la salida de PS6 a 2028 o 2029, lo que supondría un ciclo de vida de hasta nueve años para PS5 antes de pasar el testigo. Internamente, este cambio se percibe como un auténtico trastorno para la hoja de ruta original, pensada para mantener un equilibrio entre renovación tecnológica y aprovechamiento comercial de la generación actual.

Este retraso potencial no solo afecta al hardware en sí, sino a toda la estrategia que gira en torno a una nueva consola: acuerdos con estudios, contratos de marketing, ventanas de lanzamiento de grandes AAA y, en general, la planificación de catálogos que tradicionalmente se sincroniza con la llegada de una nueva máquina. Un par de años extra obligan a recolocar fichas, dando más protagonismo a PS5 y a sus versiones intermedias durante más tiempo del previsto.

En mercados clave como España y el resto de Europa, donde PS5 mantiene una posición dominante, ese desplazamiento en el calendario implica que la generación actual tendrá más recorrido comercial. Es previsible ver más modelos, packs con juegos y campañas centradas en PS5, pero también que algunos jugadores perciban que el salto a la próxima generación se va «dejando para más tarde».

La idea que se maneja dentro y fuera de la compañía es que forzar un lanzamiento de PS6 en 2027, en plena tormenta de precios de la memoria, sería más un problema que una oportunidad. Con el calendario estirado hasta 2028-2029, Sony gana margen para llegar a su nueva consola con un coste de componentes más razonable.

RAMmageddon: la IA se come la memoria de las consolas

El gran obstáculo para PS6 tiene nombre y apellidos: la crisis global de la memoria RAM provocada por la carrera por la inteligencia artificial. Los gigantes tecnológicos que lideran el desarrollo de modelos de IA —como OpenAI, Alphabet, Microsoft o Amazon— están comprando cantidades masivas de chips DRAM y memoria de alto rendimiento para alimentar sus centros de datos, dejando al resto de la industria en segundo plano.

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Según los datos que manejan analistas y proveedores, algunos tipos de DRAM han llegado a encarecerse en torno a un 75 % en cuestión de semanas, especialmente entre finales de 2025 y principios de 2026. No se trata solo de que haya menos stock, sino de que una parte notable de la capacidad de fabricación se ha redirigido a productos como la memoria HBM para servidores de IA, reduciendo el margen para módulos destinados a ordenadores domésticos, móviles o consolas.

Empresas del sector como Micron, a través de su marca Crucial, ilustran bien este giro: han ido cerrando o reduciendo líneas enfocadas al usuario final para centrarse en soluciones de gama alta para centros de datos. El resultado es un mercado donde el consumidor particular, y también los fabricantes de dispositivos de consumo, tienen menos opciones y se enfrentan a precios claramente al alza.

La presión se nota con fuerza en segmentos como los móviles de gama baja y media, donde la RAM puede suponer hasta un tercio del coste de los componentes. Para seguir siendo competitivos, muchos fabricantes se ven obligados a recortar la cantidad de memoria en nuevos modelos o a aceptar márgenes de beneficio mucho más ajustados, algo que nadie ve con buenos ojos a largo plazo.

En una consola de nueva generación el problema se multiplica: las expectativas de potencia son muy altas y se da por hecho que PS6 tendrá bastante más memoria que PS5. Informes previos apuntaban a una configuración de aproximadamente 30 GB de RAM GDDR7, casi el doble de los 16 GB de la máquina actual. Con la situación actual de la DRAM, montar una arquitectura de ese tipo dispararía el coste por unidad hasta niveles que obligarían a vender la consola por cifras cercanas a los 900 € o incluso a rondar los 1.000 € en Europa si Sony quisiera mantener un margen mínimo.

La jugada de Sony: retrasar para evitar una consola prohibitiva

La decisión de mover PS6 a 2028 o 2029 se interpreta, por tanto, como una retirada estratégica más que como un paso atrás en innovación. La compañía no se habría quedado corta de ideas, sino de componentes asumibles en coste. En este contexto, lanzar la consola demasiado pronto significaría elegir entre vender muy caro o perder dinero a gran escala, recordando los complicados primeros años de PS3.

Los planes que se barajan hablan de una máquina basada en una arquitectura de CPU similar a un futuro «Zen 6» de AMD, acompañada de esos rumoreados 30 GB de GDDR7 para alimentar juegos cada vez más exigentes y sistemas de renderizado apoyados en IA. Sobre el papel suena a consola muy potente, pero con los precios actuales de la memoria, el coste de los chips pondría contra las cuerdas cualquier PVP dirigido al público europeo medio.

De ahí que dentro de Sony se vea con mejores ojos estirar la vida de PS5 y consolidar las versiones mejoradas como puente, a la espera de que el mercado de semiconductores se estabilice. Si dentro de dos o tres años la DRAM recupera cierto equilibrio, será mucho más factible montar una PS6 ambiciosa sin que el precio de venta asuste al comprador que hoy se mueve en la franja de los 500-700 €.

Retrasar el lanzamiento también concede tiempo extra para pulir tecnologías clave que luego serán estándar en la nueva generación, como los sistemas de reescalado por IA, el trazado de rayos más avanzado o la integración de funciones ligadas a la nube. La idea no es tanto congelar el proyecto, sino dejar que madure en un entorno económico algo menos volátil.

En última instancia, en Sony parece pesar más la idea de que una PS6 con etiqueta de 1.000 € tendría muy difícil encaje en mercados como el español, donde el poder adquisitivo medio no acompaña a ese tipo de desembolso. Esperar a 2028-2029 se presenta así como la forma más sensata de cuadrar la ecuación entre potencia, precio y rentabilidad.

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PS5 y PS5 Pro: el puente obligado hasta la próxima generación

Con PS6 alejada en el horizonte, la actual familia PS5 se convierte en el pilar sobre el que se sostendrá la estrategia de Sony durante los próximos años. La versión estándar y, sobre todo, PS5 Pro pasan de ser simples revisiones de mitad de ciclo a ocupar el papel de plataforma principal sobre la que se apoyarán los grandes lanzamientos de aquí a finales de la década.

La propia Sony está posicionando PS5 Pro como el «punto dulce» para títulos de nueva hornada, con especial énfasis en juegos de gran tirón comercial como el esperado Grand Theft Auto VI. El mensaje es claro: aunque la próxima consola se retrase, la compañía quiere que la experiencia de los grandes AAA de los próximos años se asocie a la gama alta actual, no a un hardware que todavía tardará en llegar.

Una pieza fundamental de este plan es la tecnología de reescalado interno impulsada por IA, conocida como PSSR. Las últimas versiones del sistema han pasado de ser un experimento interesante a convertirse en un estándar sobre el que se están construyendo muchos desarrollos para PS5 Pro. A medio plazo, se espera que este tipo de soluciones sirva también como base para el renderizado apoyado en IA que forme parte del ADN de PS6.

Para el jugador con una tele 4K convencional y acostumbrado a los 60 Hz, los analistas apuntan a que la diferencia visual entre un título bien optimizado para PS5 Pro y uno de los primeros juegos diseñados para PS6 podría ser más estrecha que en saltos generacionales anteriores. No habrá esa sensación de ruptura radical que se vio, por ejemplo, entre PS2 y PS3, lo que da cierto margen para que la actual consola aguante más tiempo en primera línea.

Mientras tanto, Sony sabe que conserva una baza muy potente en el mercado: su dominio en ventas y catálogo. Mientras pueda seguir vendiendo PS5 como «la mejor forma de jugar» a determinados lanzamientos clave, en especial en Europa, la compañía no tiene una urgencia inmediata por sacar la siguiente generación, más allá de la presión competitiva a largo plazo.

Sony blinda la producción de PS5 en plena tormenta de chips

En paralelo a los planes para PS6, Sony está moviendo ficha para asegurar la producción de PS5 durante, al menos, todo 2026. En sus últimas comunicaciones con inversores, la directora financiera Lin Tao ha detallado que la compañía ha iniciado acuerdos de suministro a medio y largo plazo con fabricantes de memoria, con el objetivo de mantener un volumen constante de chips que evite la repetición del caos de stock vivido en los primeros años de la consola.

El objetivo de estos movimientos es doble: por un lado, evitar escasez en momentos críticos como las campañas navideñas, cuando lanzamientos de gran perfil —caso de GTA 6 y otros títulos muy esperados en España y el resto de Europa— pueden disparar la demanda; por otro, protegerse frente a nuevos picos de precio en la DRAM, asegurando inventario con antelación.

Lin Tao ha insistido en que la estrategia pasa por «ajustar de forma flexible» el ritmo de ventas de hardware según avance el ciclo de vida de la consola, dando prioridad a la monetización de la enorme base instalada de PS5. En la práctica, eso significa potenciar todavía más la venta de juegos, contenidos digitales y servicios de suscripción, en lugar de precipitar el salto a una nueva máquina mucho más costosa de fabricar.

Analistas como David Gibson, de MST International, coinciden en que para el corto plazo el impacto del encarecimiento de la memoria está parcialmente amortiguado por el stock que Sony ya tiene comprometido. Sin embargo, advierten de que, si la crisis de la DRAM se prolonga más allá de marzo de 2027, la compañía podría verse obligada a trasladar parte del aumento de costes al consumidor, ya sea subiendo ligeramente los precios o recortando márgenes en determinados productos.

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Todo este contexto refuerza la idea de que PS5 aún se encuentra en lo que la propia Sony considera el «ecuador» de su vida comercial. Con desarrollos AAA cada vez más caros y un entorno económico inestable, la compañía ve más sensato alargar un par de años extra la generación actual que precipitar el lanzamiento de PS6 en medio de una tormenta de componentes.

Para el usuario europeo, este blindaje de la producción se traducirá previsiblemente en un flujo más estable de consolas en las tiendas, pero no necesariamente en rebajas inmediatas de precio, especialmente si la memoria y otros componentes clave siguen tensionados.

Impacto directo en España y Europa: más años de PS5 como estándar

En el caso del mercado europeo, y muy especialmente en España, donde la marca PlayStation goza de una cuota de mercado muy elevada, el retraso de PS6 dibuja un escenario bastante claro: PS5 seguirá siendo la consola de referencia durante buena parte de la segunda mitad de la década. La «décima generación» de sobremesa tardará en asomar y la actual seguirá marcando el paso tanto en catálogo como en servicios.

Para muchos jugadores, esto tiene un lado positivo evidente: más tiempo para amortizar la inversión realizada en la consola actual. Los catálogos seguirán creciendo con títulos pensados para aprovechar el hardware de PS5, y aquellos que se hagan con una máquina en los próximos años sabrán que no se quedará «vieja» de un día para otro.

El reverso de la moneda es que la prolongación del ciclo, sumada a la escasez de componentes, puede mantener elevado el precio del hardware. Esta generación ya ha roto en parte la tradición de ver bajadas de PVP constantes con el paso del tiempo: PS5 y Xbox Series han vivido periodos en los que su coste se ha mantenido o incluso ha subido, con modelos y packs que se sitúan en torno o por encima de los 549,99 € en muchos países europeos.

A esto se suma que PS5 Pro se ha consolidado como un modelo claramente premium, con tarifas que en numerosas tiendas superan los 700 €. Si la transición a PS6 se aplaza a 2028 o 2029, no sería extraño ver nuevos ajustes de precio en la gama actual, condicionados tanto por la presión en la cadena de suministro como por decisiones puramente comerciales de posicionamiento.

En paralelo, el peso de los servicios por suscripción, las tiendas digitales y el juego en la nube seguirá creciendo en Europa como herramientas para ofrecer valor añadido al usuario sin depender tanto del margen en cada consola vendida. Para Sony, es una forma de compensar costes y, a la vez, atar más a una base de usuarios que ya roza los 100 millones de PS5 en el mercado mundial.

Los estudios europeos, por su parte, tendrán que adaptar sus presupuestos y tiempos de desarrollo a una PS5 que «reinará» más años. En lugar de centrar todos sus recursos en proyectos gigantescos y arriesgados que dependan de una PS6 todavía lejana, podría ganar peso una vía intermedia: juegos ambiciosos pero con presupuestos algo más contenidos, exprimiendo el hardware actual sin esperar a la próxima generación.

Con todo esto sobre la mesa, el cuadro que se dibuja es que PS6 no aparecerá en las estanterías de España ni del resto de Europa antes de 2028, y que incluso esa fecha se podría ir un poco más lejos si la crisis de la memoria no afloja. Mientras tanto, Sony se apoya en una PS5 que sigue funcionando muy bien en ventas, en un ecosistema de servicios cada vez más importante y en una estrategia más conservadora con el hardware, a la espera de que el mercado de semiconductores brinde condiciones más favorables para lanzar su próxima gran consola sin convertirla en un lujo inasumible para buena parte de los jugadores.