- Muse es el nuevo agente personal de IA de Meta capaz de enviar correos, reservar viajes, hacer compras y gestionar tareas en segundo plano.
- La herramienta se apoya en una arquitectura de seguridad con máquina virtual aislada y un agente supervisor llamado Sentinel.
- Disponible en Estados Unidos desde el 8 de septiembre, con plan gratuito y opciones de pago de 20 y 100 dólares al mes.
- Meta no ha anunciado fecha de llegada a Europa, donde la normativa de privacidad podría retrasar su despliegue.

Meta ha dado un paso importante en su estrategia de inteligencia artificial con el lanzamiento de Muse, un agente personal que no se limita a conversar, sino que ejecuta tareas en nombre del usuario. La herramienta, presentada oficialmente el 8 de septiembre en Estados Unidos, permite enviar correos electrónicos, reservar viajes, completar formularios, hacer compras online e incluso convertir un vídeo de recetas guardado en Instagram en una lista de la compra. Todo ello funciona en segundo plano, de modo que el agente continúa trabajando aunque la persona cierre la aplicación que estaba utilizando.
El lanzamiento supone un movimiento clave para Mark Zuckerberg, que lleva meses insistiendo en que los asistentes personales serán la próxima gran revolución tecnológica. En un manifiesto publicado en agosto, el consejero delegado de Meta ya adelantó que la compañía apostaría por agentes capaces de entender los objetivos del usuario y actuar en consecuencia. Con Muse, la empresa intenta competir con rivales como OpenAI, Google o Anthropic, aunque su gran ventaja reside en la distribución: la herramienta está integrada en WhatsApp, Instagram y Facebook, aplicaciones que usan miles de millones de personas a diario.
Qué puede hacer Muse y cómo funciona

Muse funciona con el modelo de lenguaje Muse Spark, presentado hace apenas una semana por Alexandr Wang, director de inteligencia artificial de Meta y fundador de Scale AI. El agente opera dentro de una máquina virtual dedicada en la nube, con su propio navegador, lo que le permite interactuar con servicios que no disponen de API pública. Cuando el usuario le pide algo, Muse abre el navegador, rellena formularios, navega por la web y completa la tarea como haría una persona.
Entre las funciones más destacadas se encuentran la gestión del correo electrónico, la organización de viajes, la creación de listas de compra a partir de contenido guardado en Instagram, la elaboración de menús personalizados y la negociación de facturas. También puede encargarse de objetivos a largo plazo, como planificar un programa de ejercicio para todo un año o poner en marcha un nuevo negocio. Para ello, el usuario comparte su objetivo y Muse desarrolla un plan personalizado, coordina tiempo y recursos, y continúa trabajando de forma autónoma.
La interacción se realiza mediante una interfaz de chat similar a la de cualquier asistente conversacional. El usuario puede ponerle un nombre a su agente, personalizar su avatar y elegir el tono de las respuestas. Muse se conecta a servicios como Gmail, Google Calendar, Google Drive, Ticketmaster, OpenTable y monitores de actividad física, entre otros. La versión de WhatsApp mantiene la función conversacional esencial, aunque no incluye el feed de actualizaciones y recomendaciones de la aplicación independiente.
Seguridad y privacidad: la gran apuesta de Meta

Uno de los aspectos más interesantes de Muse es su arquitectura de seguridad. La compañía ha diseñado un sistema de doble agente: Muse, el proceso principal, y Sentinel, un agente separado a nivel de sistema que supervisa todas las acciones que salen a internet. Sentinel tiene la última palabra sobre qué acciones se ejecutan y gestiona claves, tarjetas de crédito y contraseñas de forma que Muse nunca tiene acceso directo a ellas.
Para las acciones más sensibles, como enviar un correo o realizar un pago, Muse exige confirmación explícita del usuario. En cambio, para tareas de bajo riesgo basta con dar autorización una sola vez. La interfaz muestra un registro de las acciones realizadas y de las que el agente planea ejecutar, lo que permite al usuario tener un control total sobre lo que está ocurriendo.
En cuanto a los pagos, Muse utiliza la infraestructura Link de Stripe, que genera un número de tarjeta de un solo uso para que el agente no tenga que introducir la información financiera real de la persona en internet. Meta asegura que Muse es el primer agente de IA amparado por las protecciones de compra de Link, lo que garantiza devoluciones sin comisiones. Próximamente se añadirá compatibilidad con Shop Pay y 1Password.
La compañía también ha prometido que las conversaciones con Muse y los datos almacenados en la máquina virtual no se comparten con sus sistemas publicitarios. Los usuarios pueden desactivar el uso de sus interacciones para entrenar los modelos de IA, y tienen la opción de pedir al agente que olvide información concreta en cualquier momento. Para finales de año, Meta planea lanzar Muse Confidential VM, una versión cifrada con una clave controlada únicamente por el usuario, de modo que ni siquiera la propia empresa pueda acceder a esos datos.
Precios, disponibilidad y problemas en la fase de pruebas

Muse se ofrece en un modelo freemium. La versión gratuita permite realizar tareas básicas, pero quienes necesiten un uso más intensivo pueden optar por dos planes de pago: Power, por 20 dólares al mes (unos 17 euros), y Maximum, por 100 dólares al mes (cerca de 85 euros). La compañía calcula que la mayoría de los usuarios se quedará en el plan gratuito, aunque el consumo de tokens puede agotar la cuota rápidamente si se realizan tareas complejas. Al activar el agente, es necesario introducir una tarjeta de crédito, aunque Muse avisará antes de que cualquier acción supere los límites de la cuota gratuita.
El lanzamiento no ha estado exento de problemas. Según documentos internos consultados por Reuters, durante la fase de pruebas algunos empleados encontraron fallos que iban desde interrupciones en determinadas tareas hasta casos en los que el agente consiguió sortear salvaguardas y acceder a información sensible, como fotografías privadas de iCloud. Vishal Shah, vicepresidente de productos de IA de Meta, reconoció que la compañía retrasó el lanzamiento, previsto inicialmente para abril, con el objetivo de reforzar la seguridad. Shah admitió que no es posible garantizar que el sistema nunca cometa un error, aunque aseguró que la arquitectura se ha diseñado para alcanzar el nivel de seguridad, privacidad y protección que Meta consideraba necesario.
Por ahora, Muse solo está disponible para adultos en Estados Unidos, a través de una aplicación independiente para iOS y Android, en la web muse.ai y dentro de WhatsApp. Meta prevé incorporarlo próximamente a sus gafas inteligentes. La compañía no ha anunciado una fecha para su llegada a España o la Unión Europea, y todo apunta a que la espera podría ser larga. Meta AI, el asistente conversacional mucho menos ambicioso, tardó más de un año en cruzar el Atlántico y llegó con limitaciones. Con un producto que tiene acceso a información más sensible y personal, el escrutinio regulatorio será aún mayor, especialmente por parte de la Agencia Española de Protección de Datos, que ya ha sancionado a la compañía en el pasado.
La llegada de Muse también plantea interrogantes sobre el futuro del comercio electrónico y la publicidad. Alexandr Wang ha confirmado que la compañía estudia obtener ingresos de transacciones de comercio iniciadas por el agente, por ejemplo mediante una comisión cuando Muse encuentra un producto y completa una compra. Ese escenario afectaría a las marcas, que tendrían que optimizar su presencia para sistemas que seleccionan opciones y ejecutan acciones de forma autónoma. Meta estaría situada en varios puntos de esa cadena: controla aplicaciones de comunicación y descubrimiento, desarrolla el agente, aporta parte del contexto personal y mantiene uno de los mayores negocios publicitarios del mundo.
En definitiva, Muse representa un cambio de paradigma en la forma de entender la inteligencia artificial. Ya no se trata de un chatbot que responde preguntas, sino de un agente que actúa, que toma decisiones y que gestiona aspectos cotidianos de la vida digital. La utilidad crecerá con los permisos concedidos, pero también lo harán el valor económico de la intermediación y el coste de cualquier fallo. Para Meta, Muse abre una vía hacia ingresos de suscripción y comercio, y puede reforzar el papel de WhatsApp e Instagram como infraestructura de la vida digital. Para usuarios y empresas, el cambio más concreto es que la próxima interfaz relevante podría dejar de ser una aplicación o una web para convertirse en un agente con capacidad para elegir qué servicio usar y ejecutar la acción en nombre de la persona.
