Los jugadores de Call of Duty son los más tramposos, según un estudio global

Última actualización: marzo 3, 2026
  • Call of Duty lidera las búsquedas de trampas online, con 66 consultas por cada 1000 jugadores.
  • Los shooters concentran la mayor actividad de cheaters, mientras que MOBAs como League of Legends muestran mucha más integridad.
  • Los sistemas antitrampas avanzan hacia modelos de IA que analizan el comportamiento humano y reducen la presencia de hacks.
  • El problema afecta especialmente a la experiencia competitiva en títulos como Warzone y al futuro de la saga en Europa y el resto del mundo.

Jugadores haciendo trampas en Call of Duty

Desde hace tiempo, la saga de disparos de Activision se ha ganado un hueco entre las franquicias más populares del mundo, con millones de usuarios diarios en consola y PC. Sin embargo, esa enorme comunidad arrastra también una fama poco envidiable: la de ser una de las más dadas a las trampas en el entorno online, algo que la mayoría de jugadores habituales de shooters ya sospechaba.

Un nuevo informe ha puesto números a esa percepción. Según los datos analizados por Surfshark, Call of Duty es, a día de hoy, la franquicia con más interés en Internet por hacks, cheats y aimbots, lo que refuerza la idea de que, en este título, es especialmente frecuente encontrarse con rivales que buscan ganar a cualquier precio, incluso si eso arruina la experiencia del resto.

Un estudio que señala directamente a Call of Duty

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La firma de ciberseguridad Surfshark ha estudiado las búsquedas globales relacionadas con hacer trampas en 15 de los videojuegos online más jugados del planeta, recopilando datos durante un periodo de 12 meses. El análisis se centra en consultas típicas ligadas a trampas, como «aimbot», «wallhack», «cheat» o «hack», y las compara con el tamaño estimado de la base de jugadores de cada título.

El resultado es contundente: Call of Duty encabeza el ranking con 66 búsquedas de trampas por cada 1000 jugadores, una cifra que lo coloca como el entorno más problemático para quienes prefieren partidas limpias. No se trata solo de un pico puntual, sino de una tendencia sostenida a lo largo del año, lo que indica un interés constante en encontrar ventajas ilegales.

La investigación abarca diferentes géneros, como shooters competitivos, battle royale, MOBAs y juegos de acción, lo que permite comparar el comportamiento de comunidades muy distintas entre sí. Dentro de esa muestra, la saga de Activision se sitúa claramente por encima del resto en volumen de búsquedas sobre cómo hacer trampa, lo que refuerza la percepción de que el problema en Call of Duty es estructural.

Según detalla Surfshark, la motivación principal de estos jugadores es buscar un atajo para compensar la falta de habilidad o acelerar el progreso, sin tener en cuenta las consecuencias: expulsiones, baneos permanentes e incluso riesgos de seguridad al instalar programas de procedencia dudosa.

Estudio sobre trampas en juegos online

Los shooters, en el punto de mira: de Call of Duty a Rocket League y Rainbow Six

El informe de Surfshark no se limita a Call of Duty, sino que establece una clasificación con los 15 juegos online donde más se buscan trampas. La mayoría son títulos competitivos con fuerte presencia en Europa y España, tanto en consolas como en PC.

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Tras Call of Duty aparece Rocket League, que sorprende en segunda posición con 59 búsquedas de cheats por cada 1000 jugadores, a pesar de tratarse de un juego deportivo con una comunidad muy asentada en el ecosistema competitivo europeo. Justo detrás se sitúa Rainbow Six Siege, otro shooter táctico muy popular en el continente, con 53 consultas de trampas por cada millar de usuarios.

En la zona media del listado encontramos propuestas como Marvel Rivals (45), PUBG (39) o Apex Legends (25), todas ellas marcadas por un fuerte componente competitivo y por escenas de esports activas, también en España. Fortnite y Dead by Daylight rondan las 20 búsquedas por cada 1000 jugadores, cifras más moderadas pero que confirman que el problema tampoco les es ajeno.

La parte baja del ránking la ocupan juegos como ARC Raiders (10) o Counter-Strike (9), mientras que los MOBAs y algunos shooters con sistemas antitrampas más agresivos prácticamente desaparecen del mapa en cuanto a búsquedas de cheats. DOTA 2, VALORANT y Battlefield apenas registran una consulta por cada millar de usuarios, Overwatch se queda en 0,1 y League of Legends apenas alcanza unas centésimas.

Este contraste sugiere que el género y el diseño de los sistemas de seguridad condicionan mucho la presencia de tramposos. Los shooters más accesibles y masivos, como Call of Duty, parecen atraer más a quienes buscan ventajas fáciles, mientras que las comunidades acostumbradas a sanciones duras y anticheats intrusivos tienden a mostrar un comportamiento más limpio.

Call of Duty: una saga en horas bajas entre cheaters y frustración

A la mala fama por las trampas se suma el desgaste de la propia franquicia. En los últimos años, muchos jugadores europeos han expresado su cansancio con las últimas entregas, tanto por la calidad irregular de los lanzamientos como por la sensación de que el online está plagado de hacks, especialmente en modos como Warzone o los multijugador tradicionales.

El sistema antitrampas de la compañía, a pesar de las actualizaciones y medidas anunciadas, no termina de convencer a buena parte de la comunidad. En España, no es raro encontrar foros y redes sociales llenas de quejas sobre aimbots evidentes, tiros imposibles o rivales que parecen ver a través de las paredes, lo que lleva a muchos usuarios a abandonar las colas competitivas o a saltar a otros shooters.

A esta situación hay que sumar la polémica en torno al Skill Based Matchmaking (SBMM), un sistema de emparejamiento por habilidad que para muchos convierte cada partida en una batalla agotadora, sin momentos realmente distendidos. La combinación de enfrentamientos muy exigentes, hackers frecuentes y sensación de castigo constante ha erosionado la paciencia de los jugadores, también en el mercado europeo.

Este desgaste ha abierto la puerta a la competencia directa. Títulos como Battlefield 6 han despertado un interés más positivo entre parte de la comunidad, que percibe sus partidas como algo más frescas y menos saturadas de tramposos que lo visto en recientes entregas de Call of Duty, como Black Ops 7, que no terminó de encajar con lo que pedían muchos aficionados.

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En este contexto, no es extraño que se esté cuestionando el modelo de lanzamientos anuales y la estrategia de presencia desde el primer día en servicios de suscripción, algo que podría replantearse si la marca quiere recuperar solidez y confianza en territorios como España y el resto de Europa.

Los riesgos ocultos de hacer trampas: más allá de perder la cuenta

El estudio de Surfshark no solo se fija en el impacto dentro del juego, sino también en las consecuencias en materia de ciberseguridad para quienes recurren a programas de terceros. Según explica el director de seguridad de la compañía, Tomas Stamulis, muchos jugadores desactivan sus antivirus o conceden permisos de administrador a software de dudosa procedencia con tal de obtener una ventaja en pantalla.

Esta práctica abre la puerta a troyanos de acceso remoto, robo de contraseñas, secuestro de cuentas e incluso filtración de datos personales. En Europa, donde la protección de la privacidad es un asunto especialmente sensible, este tipo de riesgos no son menores, ya que una brecha de seguridad puede ir mucho más allá del simple baneo en un juego.

Paradójicamente, lo que comienza como un intento de «equilibrar» la balanza frente a rivales más hábiles termina convirtiéndose en una amenaza real para la propia seguridad digital del jugador. Aun así, el interés por estos programas se mantiene elevado en el caso de Call of Duty, lo que indica que muchos usuarios siguen infravalorando las consecuencias.

El mensaje de los expertos es claro: no hay atajo que compense el riesgo de comprometer tu PC o tus cuentas personales, por mucha frustración que genere encontrarse con cheaters en las partidas diarias.

La nueva era de los anticheats: la IA aprende cómo juega un humano

Mientras crece la preocupación por los tramposos, la industria está dando pasos importantes en la detección avanzada. En lugar de limitarse a escanear archivos sospechosos en el ordenador del jugador, los sistemas modernos se apoyan cada vez más en inteligencia artificial para analizar el comportamiento dentro de la partida.

Según recoge el análisis de Tech4Gamers, las redes neuronales se han entrenado con millones de horas de juego real, aprendiendo cómo se mueve, apunta y reacciona un jugador humano bajo presión. Un usuario normal duda, corrige mal la puntería, falla tiros claros y actúa con cierta incoherencia; un programa automatizado, en cambio, tiende a ser demasiado preciso o consistente, aunque intente camuflarse con fallos artificiales.

Estos modelos de IA pueden detectar patrones «sobrehumanos» que antes pasaban desapercibidos, identificando no solo el clásico aimbot descarado, sino también ayudas más sutiles que modifican el retroceso de las armas o mejoran de forma ilegítima la puntería. La clave está en estudiar el conjunto de la partida, no una jugada aislada, construyendo un perfil de confianza sobre cada usuario.

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En el pasado, los sistemas basados en comportamiento eran más toscos y podían penalizar por error a jugadores muy talentosos. La diferencia ahora es la capacidad de estos modelos para contextualizar lo que ocurre en pantalla, reduciendo los falsos positivos y adaptándose rápidamente a nuevas técnicas de trampa que van apareciendo.

Aun así, los desarrolladores tienen por delante el reto de explicar con transparencia por qué se banea a un jugador cuando la decisión la toma un algoritmo. Un lag puntual, un error del servidor o una jugada excepcional pueden parecer sospechosos desde fuera, por lo que la comunicación con la comunidad será clave para evitar tensiones.

De la paranoia a la confianza: cómo puede cambiar la comunidad

Durante años, la escena competitiva de los shooters, incluyendo Call of Duty, ha estado marcada por una especie de paranoia constante: cualquier clip espectacular en redes sociales se llenaba de acusaciones de hacks, y muchos streamers o jugadores profesionales tenían que defenderse una y otra vez de sospechas, incluso cuando jugaban limpio.

Esta desconfianza generalizada ha pasado factura, especialmente a quienes se acercan al juego de forma más casual. Cuando la sensación es que nunca sabes si estás perdiendo contra un rival hábil o contra un aimbot, resulta tentador abandonar el modo competitivo o incluso el juego por completo, algo que se ha dejado notar en parte de la comunidad europea.

Los avances recientes en sistemas antitrampa basados en IA y la implantación de soluciones que operan a nivel kernel, más difíciles de esquivar, están empezando a cambiar poco a poco esa percepción. Títulos que han apostado por tecnologías más agresivas contra los cheaters registran muchas menos búsquedas de hacks, lo que coincide con comunidades algo más tranquilas y confiadas.

En el caso concreto de Call of Duty, el reto pasa por recuperar la sensación de juego justo en modos como las partidas clasificatorias o los torneos online, de forma que volver a subir de rango se perciba como algo ligado al mérito real y no como una carrera contra tramposos o problemas técnicos.

Si la industria consigue consolidar estos sistemas y combinarlos con una buena comunicación hacia los jugadores, es posible que en los próximos años el ambiente competitivo se vuelva más saludable, reduciendo el ruido de sospechas y devolviendo el foco a lo que debería importar: la habilidad, la estrategia y el trabajo en equipo.

A día de hoy, los datos de Surfshark dejan claro que los jugadores de Call of Duty encabezan el interés por hacer trampas en el entorno online, situando a la saga en una posición delicada frente a otros títulos que muestran comunidades más limpias. Entre la frustración por los hacks, las dudas sobre el sistema de emparejamiento y el debate en torno al modelo de lanzamientos, el futuro de la franquicia en España y Europa pasa inevitablemente por tomarse muy en serio la lucha contra los cheaters y por reforzar la confianza de una comunidad que, pese a todo, sigue siendo una de las más grandes del mundo.