- Logan Paul subastará su carta Pikachu Illustrator PSA 10, comprada por 5,3 millones de dólares.
- La subasta, organizada por Goldin, se celebrará el 15 de febrero de 2026 y busca ser la mayor de Pokémon TCG.
- La carta es la única Pikachu Illustrator con calificación PSA 10 y podría alcanzar entre 7 y 17 millones.
- El caso reabre el debate sobre las cartas Pokémon como activo financiero alternativo y el papel de PSA.

La decisión de Logan Paul de sacar a subasta su famosa carta de Pikachu Illustrator vuelve a agitar el mercado de los coleccionables y, de paso, el debate sobre si las cartas de Pokémon pueden considerarse una inversión tan seria como las acciones o los fondos tradicionales. La pieza, por la que el creador de contenido pagó 5,3 millones de dólares en 2022, podría volver a romper récords cuando cambie de manos en 2026.
Este movimiento llega en un momento en el que el interés por las cartas de Pokémon sigue siendo muy alto en todo el mundo, también en Europa y España, donde cada vez más coleccionistas y pequeños inversores miran este tipo de objetos como una posible vía de diversificación. La subasta de la carta de Logan Paul se ha convertido en el caso mediático perfecto para ilustrar hasta dónde puede llegar la mezcla de nostalgia, cultura pop y dinero.
La carta que costó 5,3 millones ahora va a subasta
Logan Paul confirmó que pondrá a la venta su Pikachu Illustrator PSA 10 en una subasta programada para el 15 de febrero de 2026. La operación se ha dado a conocer a través del programa de Netflix King Of Collectibles: The Goldin Touch, en medios estadounidenses y en la propia cuenta de Instagram del influencer.
La subasta correrá a cargo de Goldin Auctions, casa especializada en coleccionables, cuyo responsable, Ken Goldin, aspira a organizar con este lote «la mayor subasta de la historia del juego de cartas Pokémon». En el paquete no solo se incluirá la Pikachu Illustrator, sino también otras cartas de alto valor que formaban parte de la colección personal de Logan Paul.
Según se ha contado en el propio programa y en diferentes entrevistas, Goldin llegó a ofrecer 25 millones de dólares por todo el conjunto de cartas, pero Logan prefirió estructurar el acuerdo de otra manera: ha cobrado ya un cheque de 2,5 millones de dólares por adelantado y recibirá además una parte de lo que se obtenga en la subasta de febrero.
El propio Paul reconoce que ha sido una decisión complicada. En declaraciones incluidas en el show, asegura que Ken Goldin lleva «años» intentando convencerle de vender la carta y que, aunque no está completamente seguro, cree en un «60 %» que ha tomado la decisión correcta. No descarta que sea la última vez que esta carta se vea a la venta en mucho tiempo.
En cualquier caso, la atención mediática ya está servida: falta por ver qué coleccionista o inversor se llevará la carta Pokémon más cara de la historia y qué cifra estará dispuesto a pagar en un contexto de mercado tan volátil.
De compra récord a posible venta millonaria
La Pikachu Illustrator de Logan Paul se convirtió en 2022 en la carta Pokémon más cara jamás adquirida, algo que le valió incluso un récord Guinness por el precio pagado en una compraventa privada. La operación se cerró por unos 5,275 millones de dólares, una cantidad que en su momento se consideró desorbitada incluso dentro del coleccionismo.
Diversas fuentes especializadas y analistas del sector señalan ahora que la subasta podría situar el precio final muy por encima de lo que pagó el influencer. Las estimaciones moderadas hablan de una horquilla entre 7 y 12 millones de dólares, mientras que los pronósticos más optimistas apuntan a que el martillo podría bajar cerca de los 17 millones, más del triple del desembolso original.
Al tratarse de un mercado tan particular, nadie puede asegurar cuál es su valor real hasta que se cierre la puja. El precio final dependerá por completo de la competencia entre postores, de la liquidez disponible y del tirón que siga teniendo la figura de Logan Paul en el ecosistema de coleccionistas de alto nivel.
En paralelo, el propio Logan ha ido alimentando la narrativa alrededor de la carta. No solo la mostró en múltiples eventos públicos, sino que incluso alcanzó gran notoriedad cuando saltó al cuadrilátero de WrestleMania con la Pikachu Illustrator colgada al cuello, dentro de una cadena y estuche valorados en decenas de miles de dólares. Ese componente de espectáculo también suma a su atractivo como objeto único.
Más allá de la cifra final, el caso ilustra cómo el coleccionismo de cartas ha pasado de ser un hobby a convertirse, para algunos perfiles, en una estrategia de inversión de alto riesgo, en la que importan tanto los números como la historia que hay detrás de cada pieza.
Qué hace tan especial la Pikachu Illustrator
La carta que Logan Paul va a subastar es una Pikachu Illustrator, considerada por muchos como el «santo grial» del coleccionismo Pokémon. No se trata de una carta de expansión normal, sino de una edición extremadamente exclusiva que se entregó a finales de los 90 a ganadores de concursos de ilustración organizados por la revista japonesa CoroCoro Comic.
Su distribución fue muy limitada, con un número reducido de copias en todo el mundo, y eso ya la convierte de por sí en una rareza. Pero lo que de verdad la diferencia es que no está diseñada como una carta jugable al uso: en lugar de la palabra «Trainer» o un listado de ataques, aparece el término «Illustrator» y una ilustración exclusiva de Pikachu creada por Atsuko Nishida, una de las diseñadoras originales del personaje.
Con el paso de los años, esta combinación de tirada mínima, valor histórico y vínculo directo con los orígenes de Pokémon ha disparado su cotización en el mercado internacional. Hoy en día, incluso copias en peor estado, con calificaciones más bajas, se venden por decenas de miles de dólares en subastas especializadas.
La pieza que posee Logan Paul tiene además otro matiz que la hace todavía más codiciada: es la única Pikachu Illustrator del mundo que ha alcanzado una calificación PSA 10, es decir, la nota máxima de conservación y calidad. El resto de copias conocidas alcanzan, como mucho, el grado 9, lo que refuerza la idea de que estamos ante un ejemplar único.
De ahí que el propio Logan lleve tiempo defendiendo que el valor de su carta se ha revalorizado de forma notable desde que la compró. Él mismo ha llegado a sugerir que podría haberse incrementado «hasta un 300 %», aunque esa cifra solo se confirmará —o no— cuando se cierre la subasta de 2026.
El papel de PSA y la polémica sobre la calificación
Para entender por qué la calificación PSA 10 es tan importante, conviene recordar qué es exactamente el PSA. Professional Sports Authenticator es una de las empresas de gradación y autentificación de cartas más grandes del mundo, muy influyente en el mercado de coleccionismo, también en Europa.
Su trabajo consiste en examinar cada carta al detalle y otorgarle una nota del 1 al 10 en función de su estado. Se valora el centrado de la impresión, la nitidez, el color, la presencia o no de marcas, arañazos, desgaste en las esquinas o cualquier defecto de fabricación. Un PSA 10 indica una condición prácticamente perfecta, algo especialmente complicado en cartas con varias décadas a sus espaldas.
Cuando una carta rara alcanza el grado 10, su valor en el mercado suele multiplicarse respecto a ejemplares idénticos con nota 9 u 8. De ahí que la Pikachu Illustrator de Logan Paul haya escalado hasta cifras millonarias y que muchos coleccionistas estén pendientes de lo que ocurra con ella.
No obstante, no todo el mundo está convencido de que la calificación sea irreprochable. En foros como Reddit se han publicado hilos en los que algunos usuarios aseguran haber detectado pequeños defectos en la carta y recuerdan que, al parecer, inicialmente habría recibido un PSA 9 antes de ser reenviada para su reevaluación, momento en el que obtuvo el deseado 10.
Este tipo de debates alimenta una discusión más amplia sobre la transparencia y consistencia de los sistemas de gradación. Aunque PSA sigue siendo una referencia mundial, en la comunidad de coleccionistas no faltan voces que cuestionan ciertos criterios y el impacto que pueden tener pequeñas diferencias de nota en precios que se cuentan en millones.
Pokémon como inversión: ¿burbuja o activo alternativo?
El caso de Logan Paul también ha servido para dar altavoz a la idea de Pokémon como clase de activo financiero. En una intervención en un programa económico de Fox Business, el youtuber llegó a afirmar que las cartas de Pokémon han superado al mercado bursátil en más de un 3.000 % en las últimas dos décadas, apoyándose en datos de plataformas de seguimiento de precios.
Más allá de las cifras concretas, lo cierto es que el valor medio de muchas cartas clave ha crecido de forma sostenida, impulsado por una combinación de nostalgia, escasez de ciertas tiradas y la aparición de una nueva generación de compradores con alto poder adquisitivo. No es casualidad que la compra de la Pikachu Illustrator de Paul marcara un récord Guinness y se convirtiera en un símbolo de esa tendencia.
Sin embargo, no existe una métrica objetiva para determinar cuánto vale hoy exactamente la carta del influencer. Él mismo reconoce públicamente que no lo sabe y que, en esencia, será el mercado quien decida en la subasta. A diferencia de las acciones, aquí no hay balances, dividendos ni múltiplos: hay oferta, demanda y un fuerte componente emocional.
La lógica se repite con otras cartas muy perseguidas. Determinadas ediciones modernas como Prismatic Evolutions o la expansión 151 han tenido que reimprimirse por la alta demanda, pero aun así albergan cartas con precios muy por encima del sobre estándar. Entre las más comentadas figuran Umbreon EX de ilustración especial, apodado «Sunbreon», o algunos Charizard EX de arte completo, que alcanzan fácilmente varios miles de dólares en los mejores grados de conservación.
Mientras, el paquete de cartas Pokémon que se puede comprar en cualquier tienda europea se mantiene en precios relativamente bajos, en torno a los 10 dólares o su equivalente en euros. Es la escasez, acompañada del relato que se construye en torno a cada carta, la que dispara ciertas piezas hasta cifras que, a ojos de muchos aficionados, resultan difíciles de justificar.
Del ring de la WWE a los coleccionables de lujo
La repercusión de esta subasta no puede separarse de la figura de su protagonista. Logan Paul es uno de los creadores de contenido más conocidos del mundo, con millones de seguidores en YouTube y redes sociales, y una carrera que se ha ido expandiendo hacia el boxeo, la WWE y distintos negocios.
El estadounidense ha sabido convertir su pasión por Pokémon en una parte más de su marca personal. Sus apariciones con la Pikachu Illustrator colgada al cuello, ya sea en eventos deportivos o en entrevistas de televisión, han servido tanto para reforzar su imagen como para revalorizar la propia carta a nivel simbólico, convirtiéndola en un icono pop reconocible incluso para quienes no siguen de cerca el mundo de las cartas.
En entrevistas recientes, Paul ha admitido que su capacidad para invertir en este tipo de piezas procede de la enorme fortuna que obtuvo gracias a su éxito viral. Al mismo tiempo, insiste en el componente sentimental: asegura que «ama Pokémon más que a nada» y que incluso tiene un tatuaje de Squirtle, uno de los Pokémon iniciales más populares.
Ese equilibrio entre afición genuina, espectáculo y estrategia financiera ayuda a explicar por qué cada movimiento que hace en el ámbito de los coleccionables tiene tanto eco mediático. Para parte del público se trata de una historia de nostalgia llevada al extremo; para otros, de un ejemplo más de cómo los influencers pueden influir en mercados de nicho.
En cualquier caso, su recomendación pública para quienes quieran iniciarse en el coleccionismo es empezar de forma modesta: acudir a tiendas locales o plataformas como eBay y centrarse en cartas que realmente gusten o con las que se tenga algún tipo de conexión, sin perder de vista que se trata de un mercado muy volátil.
Un fenómeno que también se nota en Europa y España
Aunque gran parte del foco mediático está en Estados Unidos y Japón, el impacto de este tipo de operaciones es global. En Europa y España, el interés por las cartas de Pokémon se ha trasladado tanto a tiendas especializadas físicas como a plataformas de compraventa online, donde se han multiplicado los anuncios de cartas graduadas y sobres antiguos.
El caso de la Pikachu Illustrator de Logan Paul actúa como referencia extrema para el resto del mercado. Cuando se pagan millones por una sola carta, el efecto arrastre se traduce en subidas de precio en otras piezas más accesibles, especialmente en aquellas que comparten características de rareza, edición limitada o buena calificación PSA o de otras empresas similares.
Para los coleccionistas europeos más veteranos, este auge tiene una doble lectura. Por un lado, ha incrementado el valor de colecciones que llevaban décadas guardadas. Por otro, ha complicado el acceso de nuevos aficionados jóvenes, que ven cómo algunas cartas de su infancia alcanzan cantidades poco asumibles.
En España, es cada vez más habitual encontrar eventos, ferias y quedadas centradas en el intercambio de cartas de Pokémon, donde se habla abiertamente de precios, gradaciones y mercado, pero también de nostalgia y recuerdos asociados a la franquicia. La subasta de Logan Paul, aunque se celebre a miles de kilómetros, será seguida de cerca por muchos de estos aficionados.
De fondo queda una cuestión que va más allá de una simple venta: hasta qué punto los llamados «activos emocionales» pueden convivir con las inversiones tradicionales. La Pikachu Illustrator de Logan Paul, con su mezcla de récords, polémicas y espectáculo, se ha convertido en el máximo exponente de ese debate dentro del universo Pokémon.
Con todos estos elementos sobre la mesa —el récord de compra de 5,3 millones, la condición única de la carta como Pikachu Illustrator PSA 10, las previsiones que la sitúan entre varios y hasta decenas de millones y el creciente interés internacional por las cartas de Pokémon, también en Europa— la subasta del 15 de febrero de 2026 se perfila como una cita clave para tomar el pulso al mercado de los coleccionables y para comprobar si la combinación de nostalgia, rareza y marketing sigue siendo capaz de romper todos los techos conocidos.