- El fraude del código de verificación de WhatsApp está detectado en La Rioja y podría extenderse a toda España.
- Los ciberdelincuentes suplantan a un conocido para conseguir el código de seis dígitos y controlar la cuenta.
- Es vital llamar por teléfono a la persona que pide dinero o códigos para confirmar que no es un impostor.
- Activar la verificación en dos pasos y revisar dispositivos vinculados son medidas básicas para blindar el perfil.
La Policía Nacional ha puesto el foco en una nueva modalidad de estafa que se está colando por WhatsApp y que ya ha hecho acto de presencia en La Rioja. El fraude consiste en hacerse con el famoso código de verificación de seis dígitos que la plataforma envía por SMS, y con esa llave, entrar a la cuenta y suplantar a su propietario. El objetivo final no es quedarse con el perfil, sino vaciar los bolsillos de los contactos, pidiendo dinero o datos con una urgencia que no da tregua.
Lo más delicado de este método es que se apoya en la confianza cotidiana: la víctima cree estar hablando con un familiar o un amigo por el tono y la foto de perfil. Por eso, cuando llega la petición de un favor que parece inofensivo, lo más normal es no desconfiar. El timo está diseñado para que el instinto de protección no aparezca y así la persona facilite la clave sin ser consciente de lo que se juega.
Así te engañan con la captura del código
El delincuente monta una conversación que imita el estilo de alguien del entorno de la víctima, ya sea por la forma de hablar o por los datos que suele manejar. En un momento dado, solicita un favor que parece una tontería: que el usuario comparta un código que acaba de recibir en el móvil. Ese número de seis cifras es la llave que permite al ladrón registrar el teléfono en otro equipo y quedarse con el control absoluto de la aplicación.
La trama incluye excusas tan variadas como una supuesta avería del banco, una transferencia que no puede verse o una urgencia médica. Los estafadores meten prisa para que no haya espacio a preguntas incómodas, porque saben que el código es algo personal e intransferible. Ninguna empresa seria pide ese dato por chat, aunque insistan en que es para “verificar tu identidad”.

Una cuenta robada, un paso para más víctimas
Cuando ya se han metido en el perfil, los ciberdelincuentes no se detienen con la primera víctima. Su siguiente movimiento es escribir a toda la lista de contactos para que la estafa continúe encadenada. Con la pantalla de la persona suplantada, son capaces de pedir préstamos rápidos, transferencias urgentes o incluso supuestos pagos de un problema inesperado que les ha surgido.
El hecho de que la conversación surja desde el número de siempre y con la foto de alguien conocido es lo que convence a más de uno. Las fuerzas de seguridad insisten en que cualquier solicitud inesperada de dinero debe verificarse por otro canal, y lo más sencillo es hacer una llamada a la persona en cuestión. Ese pequeño gesto puede ahorrarle un susto económico enorme.
Qué hacer si ya te han sisado la cuenta
Si de repente te quedas fuera de WhatsApp o te aparece algún movimiento extraño en el teléfono, lo primero es no perder el ritmo y reaccionar. La Policía Nacional recomienda avisar de inmediato a familiares y amigos para que no caigan en una supuesta petición de ayuda, y además ponerlo en conocimiento de las autoridades para dejar constancia de la suplantación.
Junto a eso, conviene revisar los dispositivos vinculados a la cuenta, porque el atacante puede estar dentro desde cualquier equipo. Y no te olvides de que el código de verificación nunca se ha de dar, aunque te digan que es “técnico de WhatsApp”. La verificación en dos pasos es el mejor escudo que puedes activar para bloquear registros no deseados en otros dispositivos, y es gratis.

Por todo ello, la mejor protección es que no te coja a pie cambiado: la estafa está ya en la Rioja y cualquiera puede toparse con ella en otra esquina de España. Si recibes un mensaje en tono apremiante pidiendo el dichoso código, párate y recuerda que ni un solo dato de verificación debe salir de tu teléfono por ninguna mensajería. Con esa sencilla regla, y una llamada a quien te pide el favor, se desinfla una trampa que está tocando a mucha gente.

