La mayor partida de Tetris jamás jugada en el cielo de Dubái

Última actualización: enero 10, 2026
  • El Mundial Red Bull Tetris transformó el Dubai Frame en una pantalla aérea con 2.800 drones para la mayor partida de Tetris jamás jugada.
  • Más de 7 millones de partidas de clasificación en 60 países dieron paso a una final histórica entre Fehmi Atalar (Turquía) y Leo Solórzano (Perú).
  • Atalar se proclamó campeón con 168.566 puntos en cinco minutos, triplicando la puntuación de su rival en un formato “phone to drone”.
  • El evento, avalado oficialmente por Tetris, cumplió un sueño de su creador, Alexey Pajitnov, y elevó el clásico a un espectáculo global de esports.

Mayor partida de Tetris jamás jugada

La mayor partida de Tetris jamás jugada no se celebró en una pantalla al uso, ni en una consola clásica ni en un monitor ultrapanorámico, sino directamente en el cielo de Dubái. Red Bull y la marca Tetris decidieron llevar el mítico rompecabezas soviético a un nivel que roza la ciencia ficción: un videojuego proyectado con miles de drones sobre una estructura de 150 metros de altura.

Este evento, conocido como Red Bull Tetris World Final, fusionó la tecnología actual con el aroma de los arcades de toda la vida y el espectáculo de los grandes esports. Lo que terminó saliendo de esa mezcla fue un torneo oficial a escala mundial que batió un récord Guinness, dejó un cielo repleto de Tetriminos de luz y coronó a un campeón turco tras una final de infarto entre Turquía y Perú.

Un Tetris gigante en el cielo de Dubái

La organización convirtió el Dubai Frame, un colosal marco arquitectónico de unos 150 metros levantado en 2018, en la silueta perfecta para alojar una recreativa a lo grande. En lugar de píxeles, se utilizaron 2.800 drones perfectamente coordinados que dibujaban las piezas de Tetris en tiempo real sobre el cielo nocturno, convirtiendo el monumento en una enorme “pantalla” flotante.

Espectáculo de Tetris con drones

La idea era sencilla de explicar, pero una auténtica locura a nivel técnico: cada jugador controlaba 1.400 drones sincronizados, que se encargaban de representar en el cielo sus Tetriminos, sus líneas completadas y sus movimientos al milisegundo. Todo se generaba en directo, sin trucos de posproducción, igual que si tuvieras el juego en tu tele pero llevado a una escala monumental.

El Dubai Frame se convirtió así en el marco físico que delimitaba esta gigantesca pantalla aérea. La estructura, inaugurada como símbolo moderno de la ciudad y pensada originalmente como mirador y atractivo turístico, pasó a ser una especie de máquina recreativa vertical del tamaño de un rascacielos. Literalmente, Dubái se transformó en una sala arcade a cielo abierto.

Además de la parte visual, el evento se acompañó de música en directo, ambientación de festival y una puesta en escena donde predominaban los efectos de luz. La noche se iluminó con los patrones de los Tetriminos, reforzados por un espectáculo adicional con miles de drones que iban más allá de la propia partida, convirtiendo todo el entorno en un show inmersivo.

Este despliegue marcó un hito por varios motivos: fue el primer juego oficial de Tetris jugado en el cielo y, al mismo tiempo, una demostración de hasta dónde se puede llevar un videojuego clásico cuando se mezcla con las posibilidades actuales de los espectáculos con drones.

La Red Bull Tetris World Final: formato, fechas y escenario

La gran cita tuvo lugar entre el 11 y el 13 de diciembre en Dubái, Emiratos Árabes Unidos. Durante esos días, la ciudad acogió la fase final del Mundial Red Bull Tetris, una competición de deportes electrónicos que se presentaba como el primer campeonato de Tetris sancionado oficialmente a escala global, con el respaldo directo de la compañía Tetris.

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El torneo reunió a jugadores procedentes de 60 países distintos, convirtiéndose en una fiesta internacional en torno a uno de los videojuegos más veteranos del planeta. Cada nación celebró sus propias eliminatorias, y los mejores representantes se abrieron paso hacia las fases decisivas hasta terminar filtrando a los dos finalistas que se enfrentarían en el show aéreo del Dubai Frame.

Aunque ya existían otros campeonatos importantes, como las series de campeonatos mundiales iniciadas en 2010, este evento se diferenciaba por su formato, por el respaldo oficial de la marca Tetris y por el hecho de contar con una producción pensada para el gran público, con escenario al aire libre, drones y un enfoque más cercano al espectáculo masivo que a la competición de nicho.

Durante las jornadas finales, no solo se dispuso el set para la partida decisiva, sino que se programó un auténtico festival: música en vivo, invitados, comentaristas y una escenografía llena de luces acompañaron cada fase del torneo. El público pudo disfrutar de una mezcla entre evento de esports tradicional y show de entretenimiento al estilo de los grandes conciertos o inauguraciones deportivas.

Una clasificación de locura: más de siete millones de partidas

Para llegar a esa gran final con drones, la organización montó un sistema de clasificación global que fue, directamente, descomunal. Según los datos del propio evento, se disputaron más de 7 millones de partidas clasificatorias repartidas entre 60 países, con eliminatorias nacionales y fases de criba que se alargaron durante meses.

Los participantes tuvieron que competir en distintos formatos previos, tanto online como presenciales, para ir avanzando escalones hasta las finales nacionales. Esas finales definieron quién representaría a cada país en la fase internacional, lo que se tradujo en un auténtico maratón de partidas de Tetris a todos los niveles, desde aficionados avanzados hasta jugadores de élite.

Las últimas rondas se concentraron en una especie de día entero de cruces y eliminatorias que dejó sobre la mesa a los dos jugadores que finalmente se jugarían el título mundial bajo el formato más espectacular, el bautizado como “phone to drone”. Esta expresión hacía referencia al sistema por el cual las entradas de los jugadores, realizadas con un mando similar al de Xbox, se traducían en tiempo real en movimientos de drones en el cielo.

Esta fase previa demuestra que la mayor partida de Tetris jamás jugada no fue solo la final con drones, sino el resultado de un ecosistema competitivo gigantesco. Decenas de miles de jugadores y millones de partidas dieron forma a un embudo competitivo del que emergieron, al final, solo dos nombres: el turco Fehmi Atalar y el peruano Leo Solórzano.

La final histórica: Turquía contra Perú

La gran final del Mundial Red Bull Tetris fue un duelo uno contra uno entre Fehmi Atalar (Turquía) y Leo Solórzano (Perú). El formato de la partida era peculiar: un duelo individual pero dividido en dos turnos, cada uno de exactamente cinco minutos, para un total de diez minutos de juego repartidos entre ambos finalistas.

Primero fue el turno de Solórzano, que abrió la final manejando sus Tetriminos proyectados por 1.400 drones. Durante cinco minutos, cada giro de pieza, cada línea completada y cada pequeño error quedaban expuestos a la vista de todos en el cielo de Dubái. Al terminar su sesión, el representante peruano alcanzó una puntuación de 57.164 puntos, una cifra nada despreciable en un contexto de máxima presión y exposición.

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A continuación, Fehmi Atalar tomó el mando. Este jugador turco, con una sólida experiencia competitiva en Tetris, se enfrentó al mismo reto: cinco minutos para lograr la mejor puntuación posible, sabiendo ya cuántos puntos tenía que superar. Atalar consiguió un registro espectacular de 168.566 puntos en apenas cinco minutos, triplicando holgadamente el marcador de su rival y asegurándose el título.

Para maximizar su rendimiento, Atalar utilizó un mando muy similar al de una Xbox, montado sobre un soporte, y adoptó una postura de brazos cruzados que, según se explicó, le permitía acortar tiempos entre movimientos y ser más eficiente en la ejecución de inputs. Esta forma de jugar, poco habitual para el usuario medio, muestra el nivel de optimización al que se ha llegado en la escena competitiva de Tetris.

La tensión de la partida, el espectáculo de los drones dibujando las piezas y el contraste entre las puntuaciones hicieron de este enfrentamiento una final muy recordada. No solo estaba en juego un título mundial sancionado oficialmente, sino también formar parte de un momento único en la historia del videojuego, al ser la mayor partida de Tetris realizada jamás y la primera jugada oficialmente en el cielo.

Quién es Fehmi Atalar, el campeón del mundo

El gran protagonista de la noche fue Fehmi Atalar, un estudiante turco de ingeniería informática de 19 años, originario de Samsun y residente en Yalova. Más allá de su edad, ya acumulaba alrededor de cinco años de experiencia con Tetris, tiempo en el que se formó como jugador competitivo y desarrolló una gran destreza en el juego.

Además de Tetris, Atalar es aficionado al ajedrez a un nivel intermedio-avanzado, lo que encaja muy bien con el perfil estratégico que suele verse en estos jugadores: capacidad de cálculo rápido, visión espacial, anticipación y frialdad bajo presión. También disfruta programando y resolviendo problemas, otra pista clara de su forma de pensar y de su facilidad para manejar patrones y estructuras lógicas.

Tras ganar el torneo, Atalar describió su victoria como algo casi irreal. Declaró que, después de superar las semifinales, había pensado que lograr el título sería un logro enorme tanto para su país como para él mismo, y que finalmente conseguirlo era “una auténtica locura”, algo que le resultaba difícil de asimilar. Para él, esta final fue el mejor momento de sus cinco años dedicados al juego.

Sus palabras reflejan no solo la emoción personal, sino la magnitud mediática del evento. No se trataba de un torneo más, sino de una competición con una puesta en escena sin precedentes, un escenario gigantesco y una atención internacional que disparaba la presión hasta niveles altísimos para cualquier jugador.

La visión de los creadores de Tetris y el papel de Red Bull

Uno de los detalles más llamativos del evento fue la reacción del propio Alexey Pajitnov, el ingeniero de software que creó Tetris en 1984 mientras trabajaba en la Unión Soviética. Para él, ver cómo su juego terminaba jugándose con drones en el cielo de Dubái fue literalmente un sueño cumplido, algo que había imaginado como una fantasía lejana.

En declaraciones recogidas por distintos medios, Pajitnov comentó que, cuando diseñó Tetris, jamás pensó que acabaría siendo un icono cultural global que seguiría reinventándose cuatro décadas después. Su sorpresa y entusiasmo ante este proyecto con drones demuestran cómo el juego ha trascendido la pantalla para convertirse en un símbolo ampliamente reconocible en todo el mundo.

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Por su parte, Maya Rogers, directora ejecutiva de Tetris, destacó que el juego lleva más de 40 años inspirando creatividad y conexión entre personas de distintas culturas. Según sus palabras, la Final Mundial Red Bull Tetris eleva el título a nuevos niveles de innovación, competición y emoción, reuniendo a jugadores de 60 países bajo un cielo iluminado por más de 2.000 drones.

La colaboración con Red Bull fue clave para este salto de escala. La marca austriaca lleva años organizando eventos extremos y espectáculos deportivos de todo tipo, y su experiencia en producción de grandes shows se notó en cada detalle del torneo: iluminación, sonido, realización, narrativa competitiva y, por supuesto, el despliegue tecnológico con drones.

La empresa de bebidas energéticas no solo aportó recursos económicos, sino también un enfoque muy claro: presentar Tetris como un esport capaz de llenar grandes escenarios y sorprender incluso a públicos que nunca se habían interesado especialmente por el juego original. El resultado fue una celebración que combinaba nostalgia, espectáculo y vanguardia tecnológica.

Tetris: de la Unión Soviética al cielo de Dubái

Para apreciar del todo el impacto de la mayor partida de Tetris jamás jugada, conviene recordar de dónde viene este juego. Tetris nació en 1984, en la Unión Soviética, fruto de la creatividad de Alexey Pajitnov, que trabajaba entonces como ingeniero de software. Lo que empezó como un sencillo rompecabezas digital, inspirado en juegos de bloques físicos, acabó distribuyéndose por todo el planeta.

Con el tiempo, Tetris se convirtió en una de las sagas más influyentes de la historia del videojuego. Se calcula que, sumando todas sus versiones, ha vendido más de 520 millones de copias, lo que lo sitúa entre los títulos más vendidos de todos los tiempos. Muchos jugadores lo conocieron gracias a su inclusión junto a la primera Game Boy, algo que disparó su popularidad en los años 90.

La música y la estética del juego también han dejado una huella profunda en la cultura popular. Temas musicales asociados a Tetris se han versionado hasta la saciedad, y el propio juego ha protagonizado anécdotas curiosas, como historias relacionadas con la censura en la URSS o referencias a aviones decorados con su iconografía, demostrando hasta qué punto ha formado parte del imaginario colectivo.

Ver ahora esas mismas piezas de Tetris dibujadas con drones sobre un monumento futurista en Dubái es casi un símbolo perfecto de cómo el juego ha viajado desde salas de ordenador soviéticas hasta espectáculos globales de esports. Ese contraste entre sus orígenes modestos y el despliegue monumental de la Red Bull Tetris World Final resume muy bien la trayectoria del título.

En un mundo en el que los deportes electrónicos llenan estadios y generan audiencias millonarias, Tetris demuestra que todavía hay margen para la sorpresa. Incluso un juego con casi cuatro décadas a sus espaldas puede reinventarse mediante nuevas formas de presentación, como este sistema de drones que lleva el concepto de “pantalla” a un contexto completamente diferente.

Esta “mayor partida de Tetris jamás jugada” terminó siendo algo más que una final de campeonato: un experimento creativo que unió tradición y vanguardia, un homenaje al diseño atemporal del juego de bloques y una prueba de que, por muy conocido que sea un título, siempre se le puede encontrar una vuelta de tuerca si se cuenta con imaginación, recursos y ganas de arriesgar en la puesta en escena.