- Tim Sweeney, director ejecutivo de Epic Games, sostiene que la IA generativa habría solucionado los problemas de rentabilidad de Destiny 2.
- El elevado coste de producción y la demanda constante de contenido por parte de los fans agotaron los recursos de Bungie.
- Sweeney critica duramente a plataformas como Steam por sus políticas restrictivas sobre el uso de herramientas de inteligencia artificial.
- Informes internos sugieren que la mala gestión de beneficios y el desvío de fondos a otros proyectos también influyeron en el final del juego.

El panorama de los videojuegos en España y en el resto del mundo ha recibido una buena sacudida tras conocerse el destino final de Destiny 2. Después de años de expansiones y temporadas, el famoso shooter de Bungie parece haber llegado a un punto de no retorno, dejando a su comunidad con un sabor agridulce tras el cese de nuevos contenidos. Sin embargo, no todo el mundo se resigna a pensar que este desenlace era inevitable, y ha surgido una voz de peso en la industria para poner los puntos sobre las íes.
Tim Sweeney, el mandamás de Epic Games, se ha metido de lleno en el barro al asegurar que las cosas podrían haber sido muy distintas si se hubiera apostado por la tecnología de moda. Según el directivo, la implementación de inteligencia artificial generativa habría sido la pieza clave para que el título de Sony no tuviera que echar el cierre a sus actualizaciones, una afirmación que ha levantado bastantes ampollas entre los desarrolladores y los seguidores más fieles del género.
El desafío de mantener vivo un juego como servicio

La base de todo este revuelo viene de un reportaje que analizaba por qué un gigante como Destiny 2 apenas lograba ser rentable a largo plazo. Resulta que mantener el ritmo que exigen los jugadores hoy en día es una auténtica barbaridad, ya que requiere un flujo constante de novedades que termina por agotar tanto los recursos económicos de la empresa como al propio personal. Bungie se vio atrapada en una espiral donde, para evitar que la comunidad se marchara, debían lanzar expansiones de forma ininterrumpida, disparando los costes de producción hasta límites insostenibles.
Sweeney no ha tardado en tirar de ironía en sus redes sociales para señalar que una tecnología novedosa podría haber solucionado este entuerto. El jefe de los creadores de Fortnite está convencido de que la IA permitiría generar contenido a una velocidad y coste que los métodos tradicionales ni siquiera pueden oler. Para él, se trata de la herramienta perfecta para rescatar a esos proyectos que mueren de éxito al no poder alimentar las expectativas de su base de usuarios sin arruinarse por el camino.
Polémica por la gestión de beneficios y el uso de la IA
Aunque la propuesta de Sweeney suena muy futurista, no todo el mundo compra su discurso de que la tecnología lo arregla todo por arte de magia. Los informes del sector mencionan que parte del problema de Bungie fue la mala gestión de los beneficios obtenidos, que en lugar de reinvertirse directamente en el juego, se destinaron a proyectos paralelos que no llegaron a cuajar o a infraestructuras de gran escala. Este detalle parece habérsele pasado por alto al CEO de Epic, quien prefiere centrar el tiro en cómo la automatización podría haber aligerado la carga de trabajo.
No es la primera vez que Sweeney saca las garras por estas herramientas, ya que suele ser muy crítico con plataformas como Steam por obligar a los estudios a informar sobre el uso de procesos generativos en sus fichas de producto. Para el directivo, poner trabas a este avance es casi un acto de irresponsabilidad que frena la evolución necesaria de la industria. De hecho, su propia compañía ya está integrando estas funciones en el motor Unreal Engine, asegurando que el futuro de la creación de escenarios y personajes pasará inevitablemente por algoritmos que faciliten la vida a los creativos.
Al final, nos queda un escenario donde la tecnología y la gestión empresarial se dan de bofetadas mientras Destiny 2 se queda en la estacada. Mientras algunos ven en la inteligencia artificial un salvavidas necesario para que los juegos como servicio sigan siendo viables económicamente, otros temen que esto solo sea una excusa para recortar plantillas y descuidar el toque humano en la dirección creativa. Lo único seguro es que el debate sobre cómo se deben fabricar los títulos del mañana está más vivo que nunca, especialmente cuando figuras de la talla de Tim Sweeney deciden opinar sobre los tropiezos ajenos.
