iRobot se declara en bancarrota y pasa a manos chinas

Última actualización: diciembre 16, 2025
  • iRobot se acoge al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de EE. UU. tras años de pérdidas y fuerte competencia en robots aspiradores
  • Shenzhen Picea Robotics y su filial Santrum Hong Kong se quedarán con el 100% de la compañía, que dejará de cotizar en el Nasdaq
  • Los accionistas actuales perderán toda su inversión, mientras que la firma asegura continuidad para clientes, servicios y soporte
  • El bloqueo regulatorio a la compra por parte de Amazon en la UE y los aranceles han acelerado la crisis del fabricante de Roomba

iRobot se declara en bancarrota

El histórico fabricante de los robots aspiradores Roomba, iRobot, ha tirado la toalla en solitario y se ha acogido a la bancarrota bajo el Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos, tras varios años encadenando pérdidas, caída de ventas y una presión creciente de la competencia asiática.

La compañía con sede en Massachusetts ha firmado un acuerdo de reestructuración que supone la venta del 100% de su capital a la china Shenzhen Picea Robotics y a su filial Santrum Hong Kong. El movimiento implica que iRobot dejará de cotizar en bolsa y pasará a ser una empresa privada controlada íntegramente desde Asia, aunque la firma insiste en que los clientes no notarán interrupciones en sus productos y servicios.

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Qué significa la bancarrota de iRobot

iRobot se ha acogido al Capítulo 11, un procedimiento que permite reestructurar la deuda bajo protección judicial, en lugar de liquidar de forma inmediata el negocio. En la práctica, este mecanismo ofrece algo de oxígeno para reorganizar las finanzas mientras la empresa mantiene la actividad operativa, sigue vendiendo robots y da soporte a los dispositivos que ya están en los hogares.

Según el acuerdo presentado ante el Tribunal del Distrito de Delaware, Picea, principal prestamista y fabricante de iRobot, asumirá la totalidad de las acciones y convertirá a la compañía en una filial completamente controlada. Esto supondrá también la salida definitiva del Nasdaq Stock Market, donde iRobot estaba listada desde 2005 y donde sus títulos han sufrido un desplome histórico, con caídas que superan el 70%-80% en las últimas sesiones tras conocerse la quiebra.

La empresa arrastra una deuda en torno a los 190 millones de dólares y espera culminar el proceso de reorganización en torno a febrero de 2026, bajo supervisión judicial. En paralelo, Picea ha ido adquiriendo en los últimos meses la deuda pendiente de iRobot, valorada en unos 191 millones de dólares entre principal e intereses, para luego transformarse en la nueva dueña del negocio.

Uno de los puntos más delicados para el mercado es que, una vez se apruebe el plan, los accionistas actuales no recibirán participación alguna en la empresa reorganizada. La propia documentación concursal advierte de que los inversores en bolsa “experimentarán una pérdida total y no recuperarán su inversión”, lo que cierra de golpe una etapa de casi dos décadas en Wall Street.

Desde la dirección, el consejero delegado Gary Cohen ha defendido el acuerdo como un “hito crucial” para asegurar el futuro a largo plazo de iRobot, argumentando que la operación permitirá reforzar la posición financiera de la compañía y mantener la continuidad para “consumidores, clientes, proveedores y socios”.

Acuerdo de reestructuración de iRobot

Impacto para clientes en España y Europa

Una de las grandes dudas tras el anuncio ha sido qué ocurrirá con los millones de Roomba y otros robots ya presentes en hogares de España y del resto de Europa. La compañía ha insistido en que, durante todo el proceso de bancarrota, seguirá operando con normalidad y no prevé cortes en la funcionalidad de la aplicación, los programas de fidelización ni el soporte posventa.

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De acuerdo con los comunicados remitidos, iRobot mantendrá sus compromisos con empleados, proveedores y distribuidores tanto en Estados Unidos como en los mercados internacionales, incluyendo la región de Europa, Oriente Medio y África (EMEA). Esto implica que los clientes europeos podrán seguir utilizando sus robots, descargar actualizaciones y tramitar garantías como hasta ahora, al menos mientras se desarrolla el proceso judicial.

La empresa reconoce, no obstante, que la situación en el mercado europeo tampoco era sencilla: las ventas en la zona EMEA se redujeron alrededor de un 13% en el último año, en un contexto de consumidores más cautos por la inflación y la competencia cada vez más agresiva de marcas asiáticas con precios ajustados. Pese a ello, el desplome ha sido mucho más pronunciado en Estados Unidos, donde la facturación llegó a caer en torno al 33% frente al verano anterior.

Para los usuarios españoles, el mensaje oficial es que no habrá cambios inmediatos en el funcionamiento del ecosistema iRobot: la app seguirá activa, las actualizaciones seguirán llegando y la red de servicio técnico continuará operando. A medio y largo plazo, la gran incógnita es qué estrategia adoptará Picea con la marca Roomba y el resto del catálogo, y si mantendrá la misma presencia en Europa o reorientará el negocio.

Una crisis financiera que venía de lejos

La bancarrota de iRobot no ha llegado de golpe. La compañía venía arrastrando tres ejercicios consecutivos de pérdidas y varios avisos formales sobre su delicada situación. En 2024 cerró el año con 145,5 millones de dólares en números rojos (unos 123-133 millones de euros, según el tipo de cambio utilizado), a pesar de que consiguió recortar los resultados negativos aproximadamente a la mitad respecto al año anterior.

Los ingresos también se hundieron: la facturación se quedó en torno a los 682 millones de dólares, un descenso cercano al 23%-24% frente a 2023. El último tramo del año fue especialmente duro, con caídas de ventas que llegaron a superar el 40%-44% en algunos trimestres y pérdidas trimestrales de hasta 77 millones de dólares. En ese contexto, la propia empresa reconoció “dudas sustanciales” sobre su capacidad para seguir operando en los siguientes 12 meses.

La situación se agravó tras la pandemia. Problemas en la cadena de suministro, sobrecostes derivados de la inflación y un cambio en los hábitos domésticos —con más teletrabajo y menos necesidad de automatizar ciertas tareas— fueron mermando la demanda. Pero el golpe definitivo vino por la irrupción de competidores asiáticos más baratos, que comenzaron a lanzar robots con prestaciones similares a precios muy inferiores.

En un mercado que iRobot había ayudado a crear, el fabricante se encontró compitiendo con marcas como Roborock, Dreame o Ecovacs, que aceleraron el ritmo de innovación y abarataron sensiblemente el coste por dispositivo. El resultado fue una progresiva commoditización del robot aspirador, en la que Roomba dejó de ser el único referente y perdió margen para mantener precios más altos.

El año previo al derrumbe, la compañía ya encadenaba caídas de ingresos en todos sus mercados y triplicaba sus pérdidas trimestrales en comparación con 2024. El ajuste de plantilla fue drástico: los diferentes planes de reestructuración supusieron el despido de más de la mitad de la plantilla a nivel global, hasta quedarse en torno a 540 empleados.

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Roomba y la crisis financiera de iRobot

El fracaso de la compra por parte de Amazon

Antes de que Picea se hiciera con las riendas, iRobot estuvo a punto de integrarse en el gigante del comercio electrónico. En el verano de 2022, Amazon anunció un acuerdo para adquirir iRobot por unos 1.700 millones de dólares, cifra que posteriormente se revisó a la baja hasta aproximadamente 1.400 millones. Para la empresa de las Roomba, aquello parecía el “caballero blanco” que podía salvar sus finanzas.

Sin embargo, las autoridades de competencia, especialmente en la Unión Europea, comenzaron a expresar reservas. Bruselas advirtió de que la operación podría restringir la competencia en el mercado de robots domésticos, al combinar la posición de Amazon en comercio electrónico y hogar inteligente con la cuota de iRobot en aspiradores autónomos.

Ante la perspectiva de un bloqueo regulatorio, Amazon canceló la compra en enero de 2024, al considerar que la operación no tenía visos de obtener el visto bueno de los reguladores. Como compensación, el gigante tecnológico abonó a iRobot una indemnización de ruptura de alrededor de 94 millones de dólares, dinero que la compañía utilizó principalmente para reducir deuda y ganar algo de tiempo.

El problema es que esa inyección puntual de liquidez no fue suficiente. Con el acuerdo roto, iRobot se vio obligada a replantear su estrategia de manera acelerada y a poner en marcha un agresivo plan de reestructuración, que incluyó recortes de costes y más del 50% de la plantilla despedida. Aun así, la caída de ingresos y el encarecimiento de sus operaciones siguieron pesando sobre su balance.

El fracaso de la venta a Amazon, motivado en gran parte por el escrutinio de la Comisión Europea, se ha convertido a posteriori en uno de los hitos que explican por qué iRobot ha acabado en manos de su propio fabricante asiático, en lugar de integrarse en un grupo tecnológico estadounidense.

Aranceles, competencia y el giro hacia Asia

Además de la competencia y los problemas internos, iRobot se ha visto atrapada en la guerra arancelaria impulsada desde Washington en los últimos años. La compañía fabrica una parte importante de sus aspiradores en Vietnam para abastecer el mercado estadounidense, y se ha visto penalizada por un gravamen del 46% a las importaciones procedentes de ese país.

Según la documentación judicial, estos nuevos aranceles incrementaron los costes de la empresa en unos 23 millones de dólares en 2025, complicando también la planificación a futuro. A ello se han sumado los recargos sobre bienes de consumo en Estados Unidos, la persistencia de la inflación y la caída del consumo en su principal mercado, factores que han provocado descensos de ventas cercanos al 33% en el país norteamericano.

Frente a esta tormenta perfecta, la posición de Picea como proveedor clave se fue consolidando. La empresa china no solo fabricaba buena parte de los dispositivos, sino que pasó a ser principal prestamista, haciéndose con la deuda pendiente de iRobot y situándose en una posición privilegiada para liderar cualquier rescate.

En la práctica, la operación de bancarrota implica que iRobot pasa de ser una compañía estadounidense independiente a un activo controlado por un grupo chino, lo que refuerza la creciente influencia de China en el sector de la robótica doméstica. Para el consumidor europeo, esto se traducirá previsiblemente en una pugna aún más intensa entre marcas chinas —muchas de ellas ya muy presentes en plataformas online y comercios físicos— y otros fabricantes que intentan mantener su cuota de mercado.

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El movimiento también lanza un mensaje al conjunto de la industria tecnológica: en un segmento tan maduro y competitivo como el de los robots aspiradores, incluso los pioneros pueden acabar dependiendo de sus propios fabricantes externos si no logran adaptarse con rapidez a cambios en precios, innovación y condiciones comerciales globales.

Futuro de Roomba tras la bancarrota de iRobot

De icono del MIT a símbolo de una era que se cierra

El desenlace resulta especialmente simbólico si se recuerda el origen de la compañía. iRobot fue fundada en 1990 por los ingenieros Rodney Brooks, Colin Angle y Helen Greiner, investigadores del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT. Su objetivo inicial era llevar la robótica práctica al mundo real, con proyectos que iban mucho más allá del hogar.

Entre sus primeros desarrollos se encontraban robots para explorar la Gran Pirámide de Guiza, dispositivos para buscar petróleo submarino en el Golfo de México y, sobre todo, plataformas como el PackBot, utilizadas para desactivar explosivos y apoyar tareas militares. Algunos de estos robots llegaron a emplearse en misiones de búsqueda y rescate tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

El gran salto al gran público llegó en 2002, con el lanzamiento de la primera Roomba. Aquel robot aspirador supuso una auténtica revolución para la época: un pequeño dispositivo redondo que limpiaba de forma autónoma mientras la gente estaba fuera de casa. Con el paso de los años, la marca se convirtió casi en sinónimo de robot aspirador, y la compañía afirma haber vendido más de 40-50 millones de unidades en todo el mundo.

Tras su salida a bolsa en 2005, iRobot vivió años de fuerte expansión. En 2022 alcanzó su máximo volumen de ventas, con más de 1.500 millones de dólares de facturación y beneficios netos cercanos a los 30 millones. A partir de ese pico, sin embargo, el negocio inició una espiral bajista: cada ejercicio fue peor que el anterior, hasta sumar cerca de 300 millones de pérdidas en un solo año y ver cómo el valor en bolsa se desplomaba más de un 90% en cinco años.

Con la declaración de bancarrota y la entrada total de Picea en el capital, se cierra una etapa que comenzó en los laboratorios del MIT y que llevó a iRobot a liderar la primera gran ola de robótica doméstica. Ahora, el futuro de Roomba y del resto de productos queda en manos de su antiguo proveedor asiático, mientras clientes, trabajadores e inversores asimilan que el referente histórico del sector se ha visto superado por una combinación de competencia feroz, decisiones regulatorias y tensiones comerciales internacionales.

El caso de iRobot se convierte así en un ejemplo muy gráfico de cómo un pionero tecnológico puede llegar a verse desplazado en su propio terreno: la compañía que popularizó el robot aspirador acaba controlada por el fabricante que abastecía sus fábricas, con sus acciones borradas del parqué y sus antiguos accionistas asumiendo pérdidas totales, mientras que los usuarios de España y Europa, de momento, solo esperan que sus Roomba sigan funcionando con la misma normalidad de siempre.