- Apple e Intel han alcanzado un acuerdo preliminar para que la estadounidense fabrique parte de los próximos chips Apple Silicon en plantas situadas en Estados Unidos.
- El movimiento busca reducir la fuerte dependencia de TSMC en Taiwán, en un contexto de alta demanda por la inteligencia artificial y creciente tensión geopolítica.
- Los primeros chips de Apple producidos por Intel se situarían en gamas menos críticas y podrían llegar a partir de 2027, mientras TSMC seguiría a cargo de los procesadores más avanzados.
- Esta alianza encaja con las políticas de EE.UU. y Europa para relocalizar la fabricación de semiconductores y podría traducirse en una cadena de suministro más robusta para consumidores españoles y europeos.

Apple y Intel se preparan para retomar una relación que muchos daban por cerrada. Tras la ruptura que supuso el salto a Apple Silicon, ambas compañías han alcanzado un acuerdo preliminar para que Intel fabrique parte de los próximos procesadores de la firma de Cupertino en fábricas situadas en Estados Unidos.
El movimiento encaja en una estrategia más amplia: Apple quiere rebajar su dependencia casi total de TSMC y blindarse frente a la escasez de chips, la presión de la inteligencia artificial y la inestabilidad geopolítica en torno a Taiwán. No será un giro brusco ni inmediato, pero sí un cambio de rumbo que puede reordenar el mapa mundial de semiconductores.
Un acuerdo preliminar que devuelve a Intel al corazón de Apple
Según ha trascendido en medios como The Wall Street Journal y Bloomberg, Apple e Intel llevan más de un año en negociaciones que han desembocado en un primer acuerdo para producir chips Apple Silicon en suelo estadounidense. Se trata de un pacto todavía preliminar, sin calendario público cerrado y con muchos detalles por definir, pero lo suficiente avanzado como para marcar tendencia en el sector.
Por ahora no se ha concretado exactamente qué modelos de chips fabricará Intel ni en qué dispositivos acabarán integrados. Las informaciones apuntan a procesadores de la familia Apple Silicon destinados a futuros Mac, iPad e incluso, más adelante, a algunos iPhone de gama no profesional, siguiendo una estrategia gradual y bastante prudente.
La idea sobre la mesa pasa por arrancar con series menos críticas dentro del catálogo, como variantes de los chips de la serie M para equipos de entrada (por ejemplo, futuros MacBook Air o determinados iPad) y SoC para iPhone alejados de las gamas Pro. Los procesadores de máximo rendimiento y última generación seguirían en manos de TSMC, al menos a corto y medio plazo.
Fuentes de analistas especializados apuntan a que los primeros componentes de Apple producidos por Intel podrían estar listos a partir de 2027, cuando estén maduros nodos avanzados como Intel 18A, orientados a procesos en torno a los 2 nanómetros. Es una ventana temporal coherente con los plazos habituales de la industria del chip.

Por qué Apple quiere fabricar sus chips en Estados Unidos
Durante la última década, la estrategia de Apple ha sido clara: diseño propio de procesadores y fabricación prácticamente exclusiva en TSMC, que produce las familias A (para iPhone) y M (para Mac) en los nodos más avanzados del mercado. El resultado ha sido un salto notable en rendimiento y eficiencia energética, pero también una concentración de riesgo importante.
TSMC domina los procesos por debajo de 7 nanómetros y concentra gran parte de su capacidad en Taiwán, un punto caliente en términos geopolíticos. Esta combinación —capacidad al límite y factor geográfico delicado— ha convertido la dependencia de un único proveedor en un cuello de botella estratégico para Apple, justo cuando la demanda de chips se dispara.
La explosión de la inteligencia artificial generativa ha llenado los centros de datos de hardware especializado y ha saturado los nodos más punteros. Fundiciones como TSMC trabajan cerca del 100 % de su capacidad, y ni siquiera clientes tan prioritarios como Apple se libran de los retrasos. En los últimos meses, la compañía ha reconocido problemas de stock en equipos como el Mac mini o el Mac Studio, muy demandados en entornos de IA local.
A estos factores se suma la experiencia reciente de la pandemia, cuando las interrupciones en la cadena de suministro demostraron hasta qué punto un fallo en un eslabón puede retrasar lanzamientos y encarecer productos. Todo ello ha llevado a que en Cupertino se tome muy en serio la idea de repartir la producción de sus chips principales entre al menos dos grandes fabricantes.
En paralelo, Estados Unidos lleva años impulsando políticas para recuperar parte de la industria del semiconductor. La administración Trump primero, y las siguientes después, han presionado para que los chips estratégicos se fabriquen en suelo norteamericano, apoyándose en iniciativas como la Ley CHIPS y en ayudas multimillonarias a gigantes como Intel. Un contrato con Apple encaja como anillo al dedo en esa agenda.
TSMC sigue al mando, pero ya no está sola
Pese a este acercamiento a Intel, Apple no está rompiendo con TSMC. La fundición taiwanesa seguirá siendo, durante años, el socio principal para los procesadores más avanzados de la marca. Los chips que marcan el techo tecnológico —como las generaciones más punteras de las series A y M en 3 nanómetros y por debajo— continuarán produciéndose en sus líneas de fabricación.
De hecho, la colaboración entre ambas compañías no deja de crecer. TSMC ya opera una planta en Phoenix (Arizona) que produce una cantidad limitada de chips para Apple y que aspira a llegar a decenas de millones de unidades anuales, reforzando la diversificación geográfica dentro del propio ecosistema TSMC. Es un paso intermedio entre la fabricación totalmente concentrada en Taiwán y la producción repartida entre varios socios.
La novedad es que Apple ha pasado de tratar a TSMC como única opción viable a considerarla parte de un abanico más amplio. Las conversaciones con Intel —y en menor medida con Samsung para otras posibles colaboraciones en Estados Unidos— sirven tanto para explorar vías reales de producción como para equilibrar las negociaciones futuras en precio, capacidad y prioridad de nodos.
Para TSMC, el mensaje es claro: ya no puede dar por sentado que Apple seguirá enviando todos sus diseños más allá de 2027 sin valorar alternativas. Para Intel, en cambio, la oportunidad es histórica. Volver a fabricar chips para Apple, aunque ahora bajo la fórmula de fundición y no como proveedor de arquitectura x86, supondría un espaldarazo técnico y reputacional de primer nivel.
En este tablero a tres bandas, Apple intenta mantener el equilibrio. Por un lado, quiere asegurarse volúmenes suficientes para sus próximos iPhone, iPad y Mac; por otro, busca no comprometer la calidad que ha convertido a Apple Silicon en una referencia de eficiencia y rendimiento.
Qué chips de Apple acabará fabricando Intel y en qué plazos
Ni Apple ni Intel han detallado públicamente qué modelos concretos de chip entran en el acuerdo preliminar, pero los informes coinciden en varios puntos clave. Primero, el calendario: cualquier volumen relevante de chips Apple Silicon producidos por Intel se situaría más allá de 2027, cuando las nuevas plantas y nodos de la estadounidense estén plenamente operativos.
Segundo, el tipo de producto. La estrategia más realista pasa por que Intel empiece fabricando procesadores de gamas menos exigentes dentro del catálogo de Apple: versiones de la serie M destinadas a portátiles de entrada, determinados chips para iPad o SoC para iPhone que no formen parte de las variantes Pro. La gama alta y los nodos de vanguardia permanecerían bajo el paraguas de TSMC, al menos en una primera fase.
Tercero, la tecnología de proceso. Intel quiere apoyarse en nodos como Intel 18A y derivados, orientados a anchos de puerta equivalentes a unos 2 nanómetros, comparables a lo que TSMC ofrece en sus líneas más modernas. Aun así, más allá del tamaño del nodo, la clave estará en el rendimiento de fabricación (yield): cuántos chips plenamente funcionales obtienes por cada oblea.
Una ligera diferencia en ese rendimiento puede traducirse en costes más elevados, márgenes más ajustados y, lo más delicado para Apple, en posibles problemas de suministro si se manejan decenas o cientos de millones de unidades al año. Es justo en este punto donde Intel debe demostrar que sus plantas estadounidenses pueden competir de tú a tú con la maquinaria taiwanesa.
La hoja de ruta que se perfila, por tanto, no es la de un cambio de proveedor repentino, sino la de una transición por etapas. Primero, chips algo menos críticos; después, si los resultados acompañan, la posibilidad de desplazar a Intel parte de la producción de modelos más ambiciosos. Todo ello sin renunciar a TSMC, que continuará siendo el socio dominante en la franja más alta del catálogo.
Impacto en Estados Unidos, Europa y en los usuarios españoles
Desde el punto de vista industrial y político, que Apple encargue la fabricación de una parte de sus chips a Intel en Estados Unidos es un movimiento muy alineado con la agenda de Washington. El gobierno norteamericano lleva tiempo empujando para repatriar la fabricación de semiconductores considerados estratégicos, y la presencia de Apple sirve para justificar inversiones públicas multimillonarias en nuevas fábricas y nodos avanzados.
Europa observa esta tendencia con atención. La Unión Europea impulsa su propio European Chips Act con el objetivo de aumentar su cuota de producción mundial de semiconductores y reducir la dependencia de Asia. Aunque de momento Apple no ha anunciado planes concretos para fabricar sus SoC en plantas europeas, cada paso que da hacia la diversificación fuera de Taiwán abre una pequeña ventana a que, en el futuro, parte de esa producción pueda acercarse al continente.
Para los consumidores españoles y europeos, los efectos no serán inmediatos, pero sí pueden notarse a medio plazo. Una cadena de suministro de chips más amplia y menos expuesta a sobresaltos geopolíticos debería ayudar a evitar cuellos de botella como los vividos en algunos lanzamientos recientes, cuando ciertos modelos de Mac o iPhone llegaban con cuentagotas o con plazos de entrega muy largos.
Además, la presión competitiva entre TSMC e Intel por ganarse o mantener el favor de Apple podría traducirse en mayor inversión en capacidad y procesos tanto en Asia como en Estados Unidos y, potencialmente, en Europa. Esa carrera por atraer a clientes de alto perfil beneficia a todo el ecosistema, ya que amplía la oferta de nodos punteros disponibles.
En definitiva, aunque el usuario de a pie en España quizá no perciba a corto plazo qué fundición ha fabricado el chip de su próximo iPhone o Mac, sí puede notar que las renovaciones llegan con menos retrasos, que los periodos de desabastecimiento se reducen y que la oferta se mantiene más estable incluso en momentos de tensión global en la industria del semiconductor.
Todo este movimiento refleja hasta qué punto la fabricación de chips ha pasado de ser un asunto casi invisible para el gran público a convertirse en una pieza central de la estrategia de las grandes tecnológicas. Apple sigue confiando en TSMC para sus procesadores más avanzados, pero al abrir la puerta a Intel como socio en Estados Unidos busca ganar margen de maniobra, reducir riesgos y asegurarse de que la próxima generación de dispositivos —también en mercados como el español y el europeo— no dependa de un único punto de fallo en plena revolución de la inteligencia artificial.