- El fin del soporte de Windows 10 incrementa los riesgos de seguridad y obliga a planificar una transición.
- Microsoft ofrece un programa ESU de pago para extender solo las actualizaciones críticas hasta 2026.
- Actualizar a Windows 11, cambiar de equipo o pasar a Linux son las vías principales para seguir seguro.
- Millones de ordenadores europeos quedarán fuera de Windows 11 por requisitos de hardware y TPM 2.0.
El fin del soporte técnico de Windows 10 ha abierto un nuevo escenario para millones de ordenadores en todo el mundo, también en España y el resto de Europa. Aunque los equipos siguen encendiendo con normalidad, el sistema operativo ha dejado de recibir la protección y los cuidados oficiales de Microsoft que tenía hasta ahora.
Desde el 14 de octubre de 2025, Windows 10 ya no cuenta con actualizaciones de seguridad ni nuevas funciones dentro del soporte estándar. A partir de ese momento, usarlo implica asumir más riesgo frente a ataques informáticos y errores que se descubran en el futuro, de modo que conviene plantearse qué camino seguir: actualizar, pagar por más soporte o buscar alternativas.
Qué significa realmente el fin del soporte de Windows 10
A efectos prácticos, el fin de soporte no apaga el ordenador ni bloquea Windows 10. El sistema continúa arrancando, los programas se abren y, para tareas básicas, puede dar la sensación de que nada ha cambiado. La diferencia está en lo que ocurre por detrás: desaparecen los parches de seguridad mensuales, las correcciones de errores y la asistencia técnica directa de Microsoft.
Esto implica que, si aparece una vulnerabilidad grave, un fallo del sistema o una nueva familia de malware que aproveche un hueco de seguridad en Windows 10, Microsoft ya no tiene la obligación de lanzar una corrección para los usuarios que hayan quedado fuera de los programas de extensión. Con el paso del tiempo, eso deja al sistema más expuesto a virus, ransomware y ataques dirigidos.
Además, a medida que pasan los meses, aplicaciones, controladores y servicios de terceros pueden dejar de ser compatibles con Windows 10. Muchos desarrolladores irán centrando sus esfuerzos en Windows 11 y versiones posteriores, lo que puede traducirse en cuelgues, problemas de rendimiento o funciones que simplemente dejan de funcionar en equipos antiguos.
Para el usuario medio, el mensaje clave es sencillo: Windows 10 sigue funcionando, pero ya no es un sistema protegido de forma completa. Quien mantenga este sistema en uso diario, sobre todo conectado a Internet y manejando datos sensibles, tendrá que extremar precauciones o tomar decisiones a corto plazo.
La prórroga de seguridad: el programa ESU para estirar un año más
Consciente de que millones de ordenadores todavía dependen de Windows 10, Microsoft ha puesto en marcha un programa de Novedades de seguridad extendida (ESU, Extended Security Updates). Este servicio de pago ofrece una especie de “tregua” para quienes necesitan más margen antes de abandonar el sistema.
Gracias a ESU, los usuarios de Windows 10 Home y Pro pueden seguir recibiendo actualizaciones críticas de seguridad durante un año adicional tras el fin del soporte estándar, hasta octubre de 2026. No añade funciones nuevas ni moderniza la interfaz, simplemente mantiene el flujo de parches para cerrar agujeros de seguridad especialmente graves.
En Europa, esta vía está pensada para particulares, pymes y pequeños despachos que dependen de aplicaciones antiguas o de equipos que no cumplen los requisitos técnicos de Windows 11. No es una solución definitiva, sino un puente temporal mientras se decide si renovar el hardware, migrar a otro sistema o reorganizar el parque informático.
La propia Microsoft insiste en que ESU debe verse como un último recurso, no como excusa para eternizar Windows 10. El objetivo es dar tiempo para planificar con calma la migración, no alargar indefinidamente la vida de un sistema que ya está fuera del ciclo habitual de desarrollo.
Por qué hay varios “fines” para Windows 10 y no uno solo
Hablar del fin de Windows 10 puede llevar a confusión porque en realidad no existe una única fecha de “apagado”. Lo que hay es un calendario escalonado con distintos hitos que afectan a diferentes componentes y tipos de usuarios.
En primer lugar, el 14 de octubre de 2025 marcó la finalización del soporte general para la versión 22H2, la última gran actualización de Windows 10. Desde esa fecha, ya no se publican actualizaciones estándar ni se incorporan mejoras de funcionamiento o nuevas funciones para el usuario doméstico.
En segundo lugar, entra en juego el programa ESU, que permite prorrogar solo los parches de seguridad críticos hasta octubre de 2026 para quienes estén dispuestos a pagar ese extra. Para muchos hogares y pequeñas empresas, esa será la verdadera fecha límite, el momento en el que el sistema quedará definitivamente a la intemperie si no se da el salto.
Y, a la vez, hay capas adicionales: algunos productos de Microsoft, como Microsoft 365, mantendrán compatibilidad limitada con Windows 10 durante más tiempo, con actualizaciones de seguridad hasta alrededor de 2028. Eso hace que hablemos más de un “envejecimiento progresivo” que de una muerte súbita del sistema operativo.
En resumen, Windows 10 entra en una fase de retirada por etapas: primero pierde el soporte completo, luego se quedan solo los parches críticos para quien los pague y, finalmente, los servicios asociados también van dando el salto a plataformas más recientes.
Opciones oficiales tras el fin de soporte: actualizar o cambiar de equipo
Frente a este nuevo contexto, las recomendaciones de Microsoft se centran en tres caminos básicos. La primera opción es instalar Windows 11 en el equipo actual, siempre que cumpla con los requisitos mínimos, entre ellos el ya famoso módulo de seguridad TPM 2.0, procesador compatible y ciertas características de hardware.
Si el ordenador es apto, es probable que Windows Update ya haya mostrado un aviso para actualizar gratis a Windows 11. En Configuración > Windows Update se puede comprobar si la actualización aparece disponible. Esta vía es, en teoría, la más directa: se mantiene el equipo, se salta al nuevo sistema y se recupera el soporte completo durante años.
Cuando el hardware no llega a esos mínimos, la alternativa pasa por adquirir un nuevo PC con Windows 11 preinstalado. En el mercado europeo ya abundan equipos pensados para cubrir diferentes necesidades: portátiles básicos para ofimática, sobremesas orientados a gaming o estaciones para creación de contenido. El inconveniente, claro, es el coste: renovar ordenador supone invertir desde unos pocos cientos de euros hasta superar ampliamente los mil, según el perfil de uso.
La tercera vía, ya mencionada, es apuntarse al programa ESU para ganar un año más de parches de seguridad en Windows 10. Esta solución suele tener sentido si el equipo todavía rinde bien, se usa para tareas relativamente sencillas y se necesita tiempo para evaluar una compra o reorganizar el entorno informático sin prisas.
En todos los casos, antes de tocar nada es recomendable hacer una copia de seguridad completa de archivos, fotos, documentos y contraseñas, así como comprobar que servicios como OneDrive, Google Drive o Dropbox están sincronizando bien y anotar licencias de programas de pago que se vayan a reinstalar.
Métodos para saber si tu PC sigue en Windows 10 y si puede saltar a Windows 11
Antes de decidir qué hacer, conviene confirmar con exactitud qué versión de Windows tienes instalada y si tu equipo es compatible con Windows 11. En muchos casos, sobre todo en oficinas pequeñas o hogares con varios ordenadores, ni siquiera se tiene claro qué versión exacta se está usando.
Para comprobarlo en Windows 10, basta con hacer clic derecho en el botón de Inicio, entrar en Configuración, acceder al apartado Sistema y luego a Acerca de. En esa pantalla aparecen el nombre y modelo del dispositivo, la edición instalada (Home, Pro, etc.) y la versión, por ejemplo, 22H2.
En el recuadro de “Especificaciones de Windows” se puede ver con detalle la edición y el número de versión del sistema operativo. Saber si se está en 22H2 es importante porque se trata de la última gran versión de Windows 10, punto de partida para muchas de las opciones de actualización.
Para revisar la compatibilidad con Windows 11, se debe entrar en Configuración > Windows Update. Si el equipo cumple los requisitos, aparecerá una notificación indicando que se puede dar el salto al nuevo sistema. En caso contrario, normalmente se mostrará un aviso de incompatibilidad por procesador, ausencia de TPM 2.0 o carencias de seguridad de hardware.
Quienes prefieran ir sobre seguro pueden utilizar las herramientas oficiales de comprobación de compatibilidad de Microsoft, pensadas para analizar el hardware y señalar qué componentes impiden la migración, algo especialmente útil en empresas pequeñas o para decidir si merece la pena actualizar alguna pieza concreta del equipo.
Riesgos de seguir con Windows 10 sin soporte y medidas mínimas de seguridad
Seguir con Windows 10 después del fin del soporte estándar -y más allá del periodo ESU- es técnicamente posible, pero hay que ser consciente de que cada mes que pasa aumenta la superficie de ataque. Los delincuentes digitales siguen buscando fallos en sistemas antiguos porque saben que muchos ya no reciben parches.
Si no se quiere, o no se puede, abandonar Windows 10 de inmediato, al menos conviene extremar algunas medidas de higiene básica. Lo primero es utilizar un antivirus actualizado de calidad y revisar con frecuencia que la base de firmas se mantiene al día. Aunque el sistema ya no se actualice, el software de seguridad puede seguir ofreciendo cierta capa de protección frente a amenazas conocidas.
También es importante evitar descargar programas desde páginas desconocidas o de dudosa reputación, desconfiar de archivos adjuntos extraños y desconectar el equipo de Internet cuando no se esté utilizando, en especial si se trata de una máquina secundaria que apenas se necesita para tareas concretas.
Otra medida prudente es no guardar en ese ordenador información bancaria, contraseñas sin cifrar o datos especialmente sensibles. De esta forma, si en algún momento la máquina se ve comprometida, el impacto será menor. Para trámites con bancos o compras online resulta más razonable usar un equipo con sistema operativo aún soportado.
En el caso de hogares y pequeñas oficinas europeas con ordenadores viejos que siguen funcionando bien, puede tener sentido relegar Windows 10 a usos puntuales, desconectados o con acceso muy limitado, mientras se planifica una transición más segura a medio plazo.
Linux como alternativa tras el fin del soporte de Windows 10
El corte de soporte de Windows 10 también ha servido de empujón a otros sistemas operativos. Cada vez más usuarios plantean dar el salto a alguna distribución de Linux como alternativa gratuita, segura y ligera, sobre todo en equipos que no cumplen los requisitos de Windows 11 pero que siguen siendo perfectamente válidos a nivel de hardware.
En este contexto ha ganado visibilidad el movimiento conocido como “Fin de 10” (End of 10), una iniciativa de entusiastas y desarrolladores que anima a aprovechar la salida de Windows 10 del soporte estándar para migrar en 2026 a Linux. El objetivo es que quienes se sienten cómodos con su PC, pero ven imposible o poco atractivo cambiar de equipo, encuentren en el entorno del pingüino una salida razonable.
Entre las opciones más comentadas se encuentran Ubuntu, Linux Mint, Zorin OS, Fedora o Debian, junto con otras propuestas más modernas como VanillaOS o Pop!_OS. Muchas de estas distribuciones ofrecen entornos de escritorio familiares para quienes vienen de Windows, con menús, barras de tareas y paneles configurables que suavizan el cambio.
La principal ventaja para los ordenadores que se han quedado “descolgados” de Windows 11 por culpa del TPM 2.0 o por procesadores antiguos es que Linux suele funcionar con soltura en hardware mucho más modesto. Eso permite alargar años la vida útil de portátiles y sobremesas que, de otro modo, quedarían relegados al cajón.
Para hacer la transición más llevadera, el proyecto “Fin de 10” y otras comunidades similares proporcionan guías paso a paso, foros de ayuda y tutoriales orientados específicamente a quienes venían usando Windows 10 a diario y quieren un aterrizaje sin traumas en Linux.
Ventajas y desafíos de pasarse a una distribución Linux
Más allá de ser gratis, Linux destaca por su estabilidad, rendimiento y seguridad. Muchas distribuciones tienen ciclos de actualización de larga duración que ofrecen parches de seguridad durante años sin obligar a cambios radicales constantes, algo que para bastantes usuarios resulta más cómodo que el modelo de actualizaciones frecuentes de Microsoft.
En los últimos tiempos, otro factor a favor es la compatibilidad creciente con software moderno. Una buena parte de las herramientas que se usan a diario funcionan directamente en el navegador, mientras que para tareas ofimáticas existen alternativas como LibreOffice que cubren sin problema las necesidades de la mayoría, tanto en entornos domésticos como profesionales.
Además, muchas distribuciones han integrado de serie Wine u otras soluciones para ejecutar aplicaciones de Windows en Linux, y siempre queda la opción de usar máquinas virtuales para mantener algún programa puntual que solo exista para el sistema de Microsoft. No es perfecto, pero reduce mucho las barreras.
En el terreno de la experiencia de usuario, Linux permite elegir entre entornos de escritorio ligeros, como XFCE o LXQt, o interfaces más modernas como GNOME o KDE Plasma. Esto da margen para adaptar el sistema tanto a equipos muy antiguos como a máquinas potentes, siempre con la posibilidad de personalizar iconos, paneles y modos de trabajo.
El punto menos amable es que migrar implica aprender una forma distinta de manejar el ordenador: hay que acostumbrarse a nuevos menús, gestores de archivos, centros de software y herramientas de configuración. Para quien lleva años en Windows, ese cambio puede dar cierto respeto, pero con algo de paciencia y tirando de comunidades de ayuda suele ser más asumible de lo que parece.
Cómo prepararte para migrar a Linux sin complicarte la vida
Antes de borrar nada, la clave es analizar bien qué necesitas y qué distribución encaja mejor con tu caso. No es lo mismo un PC destinado a ofimática y navegación que un equipo para diseño, programación o juegos, y no todas las distros ponen el foco en lo mismo.
Conviene revisar con calma la compatibilidad de aplicaciones, el estilo del entorno de escritorio y las funciones específicas que ofrece cada sistema. También es útil informarse sobre las distribuciones “inmutables” o atómicas, pensadas para mejorar la estabilidad y reducir problemas al actualizar, algo que puede resultar muy atractivo para quien prioriza la tranquilidad.
Una buena estrategia para evitar sustos es probar la distribución desde un USB en modo “live”, sin instalarla en el disco duro. Así se puede comprobar si reconoce bien la tarjeta de red, el sonido, la gráfica y otros componentes, además de hacerse una idea del aspecto y del rendimiento en el propio equipo.
Para quienes vienen directamente de Windows 10, las distros más recomendadas para empezar suelen ser Ubuntu, Linux Mint, Zorin OS o similares, por su orientación al usuario nuevo, su abundante documentación y lo cuidadas que están en cuestiones de diseño. La comunidad que las rodea suele responder rápido ante dudas típicas de recién llegados.
Al final, el atractivo de Linux en este escenario está en que permite construir un sistema operativo a medida, adaptado al hardware y a las necesidades reales del usuario, sin las restricciones de compatibilidad de Windows 11 y sin necesidad de invertir en un dispositivo nuevo de inmediato.
La retirada de Windows 10 del soporte oficial ha cambiado el tablero: quienes siguen con este sistema se enfrentan a un aumento progresivo de riesgos de seguridad y a un ecosistema de software que mirará cada vez menos hacia atrás. Entre actualizar a Windows 11 en equipos compatibles, invertir en un PC nuevo, aprovechar un año extra de parches con ESU o dar el salto a Linux para rescatar máquinas veteranas, la decisión pasa por evaluar presupuesto, tipo de uso y tolerancia al cambio, teniendo claro que dejarlo todo como está indefinidamente ya no es la opción más segura.
