- Diablo V llegará en primavera de 2029 con un mundo procedural y un enfoque más clásico.
- Joe Shely confirma la vuelta a los atributos manuales y a los requisitos de equipo inspirados en Diablo II.
- La historia mostrará un Santuario caído, con Diablo como gran antagonista y biomas que cambian según los Comandantes del Terror.
- Diablo IV seguirá recibiendo temporadas mientras la comunidad juegue, aunque sin nuevas expansiones.
La comunidad de Diablo sigue digiriendo lo que se anunció durante la BlizzCon 2026: Blizzard trabaja en Diablo V, una nueva entrega principal que no llegará como una simple expansión. La fecha que se maneja es la primavera de 2029, así que todavía queda un buen trecho para verlo en acción. La compañía ha querido dejar claro que el proyecto va mucho más allá de un añadido y que busca marcar un nuevo punto de partida para la saga.
El anuncio ha generado ilusión, pero también preguntas. Muchos jugadores de Diablo IV se han planteado si esto supone el final de la entrega actual. La respuesta oficial es que no: Blizzard pretende mantener el juego vivo con temporadas mientras haya gente jugando, aunque el ciclo de expansiones queda cerrado. La idea es que ambos títulos convivan durante un tiempo, igual que ocurrió en el pasado con otras entregas de la franquicia.
Vuelta a las raíces y adiós al enfoque MMO-Lite
Uno de los puntos que más se ha repetido en las entrevistas es que Diablo V abandonará el enfoque MMO-Lite que marcó a Diablo IV. En su lugar, Blizzard quiere recuperar la exploración de mazmorras y zonas interconectadas, con una generación procedural que haga que los mapas no se sientan estáticos. La atención vuelve a ponerse en recorrer áreas, limpiar dungeons y encontrar equipo, más que en compartir un mundo abierto permanente con otros jugadores.
Joe Shely, director del juego, ha explicado que la generación procedural permitirá que cada visita a una región sea distinta. No se trata solo de cambiar pasillos: los Comandantes del Terror pueden alterar el entorno según quién controle la zona. Si manda un Comandante de los No Muertos, es probable que el jugador se encuentre con zombis y criaturas de ese estilo; si otro toma el poder, el terreno, los enemigos y la atmósfera cambian de arriba abajo.
Jennifer Hepler, directora narrativa, ha puesto ejemplos muy gráficos sobre este sistema, conocido como «terror forming». La idea es que un mismo territorio pueda ofrecer experiencias diferentes según el momento y las facciones que estén en conflicto. Eso encaja con la intención de Blizzard de construir un mundo que evolucione, aunque no se hayan desvelado todos los detalles sobre cómo funcionará a largo plazo.
Esta apuesta por lo procedural también sirve para explicar por qué Diablo V no ha nacido como una expansión de Diablo IV. Según han comentado sus responsables, la escala de los cambios —especialmente el mundo generado de forma procedimental— hacía imposible encajarlo dentro del juego anterior. Blizzard prefiere hablar de una entrega con identidad propia, más cercana a las raíces clásicas de la saga.
Atributos manuales, equipo con requisitos y progresión más táctica

En el apartado de sistemas, una de las confirmaciones más comentadas tiene que ver con los atributos. Joe Shely ha señalado que Diablo V recuperará la distribución manual de atributos, algo que recuerda directamente a la jugabilidad y secretos de Diablo II. En Diablo III y Diablo IV, buena parte de esa gestión se automatizó, de modo que el crecimiento del personaje dependía más del equipo, las joyas y ciertas habilidades pasivas que de repartir puntos a mano.
Ese cambio no es un detalle menor. Con atributos manuales, el equipamiento puede volver a tener requisitos de fuerza, destreza u otros valores, lo que obliga a planificar mejor el personaje. En Diablo II, por ejemplo, no bastaba con cumplir un nivel para ponerse una armadura o empuñar un arma: había que alcanzar mínimos concretos. Eso daba más peso a las decisiones y hacía que una pieza de equipo concreta pudiera ser muy valiosa para una build determinada.
La intención de Blizzard parece ser la de recuperar esa sensación de progresión táctica, sin renunciar a que el juego siga siendo accesible. Shely ha comentado que la idea es que subir de nivel o conseguir un objeto poderoso se note de verdad, algo que en entregas anteriores podía diluirse por el escalado automático de los enemigos. Todavía no hay una explicación cerrada sobre cómo lo implementarán, pero el objetivo está sobre la mesa.
También se ha hablado de que las runas y palabras rúnicas al estilo de Diablo II están en el punto de mira, junto con niveles de objeto y requisitos de estadísticas en el equipo. La intención, según el equipo, es ampliar la variedad de configuraciones efectivas en lugar de encerrar a los jugadores en unas pocas builds dominantes. Esa filosofía encaja con el regreso a un ARPG más clásico, donde la planificación y la inversión de tiempo tienen más peso.
Una campaña marcada por la caída de Santuario y el peso de Diablo

La narrativa también ha centrado buena parte de las conversaciones. Blizzard ha dejado caer que Santuario ha caído y que la humanidad está contra las cuerdas. El escenario se presenta mucho más oscuro que en entregas anteriores, con las fuerzas del Infierno dominando amplias zonas del mapa y muy pocos supervivientes en pie. Diablo vuelve a ser el gran antagonista, algo que la compañía considera clave para justificar una nueva entrega principal.
Según han explicado desde Blizzard, la ausencia del Señor del Terror en Diablo IV fue uno de los motivos que llevaron a plantear una secuela. La idea de convertir a Diablo en el protagonista absoluto de la campaña pesó más que la opción de meterlo en una expansión. Eso no significa que todo lo visto en Diablo IV se vaya a borrar de un plumazo, pero sí que la nueva historia quiere tener entidad propia y un tono más sombrío.
En las entrevistas también se ha mencionado que la campaña se articula en distintos marcos temporales, con una parte centrada en la caída de Santuario, otra en el presente devastado y otra que apunta hacia el futuro. La intención es que esas líneas funcionen de forma interconectada dentro de una misma experiencia. Aunque no se hayan desvelado todos los detalles argumentales, se ha insistido en que el jugador notará que el mundo ha cambiado respecto a lo que conocía.
El regreso de Diablo como amenaza principal encaja con ese tono postapocalíptico. Los héroes del pasado habrían fracasado y las huestes infernales habrían tomado el control, lo que deja un panorama poco amable para los jugadores. Blizzard quiere que esa desesperación se note tanto en la historia como en la exploración, con zonas que pueden pasar de estar dominadas por un tipo de enemigo a quedar en manos de otro.
Diablo IV seguirá vivo, pero con temporadas y sin nuevas expansiones
Otro de los frentes abiertos es el futuro de Diablo IV. Brent Gibson, director del juego, ha asegurado que Blizzard seguirá publicando temporadas mientras la comunidad mantenga el interés. La compañía quiere evitar que el lanzamiento de Diablo V suponga un apagón de contenidos y recuerda que Diablo II y Diablo III siguen recibiendo apoyo años después de su salida.
Eso sí, conviene no mezclar temporadas con expansiones. Los planes actuales apuntan a que Diablo IV no recibirá nuevas expansiones, pero sí continuará con contenido estacional y parches. El volumen y la escala de esas actualizaciones podrían ir cambiando con el tiempo, en función de cuánta gente siga jugando y de cómo evolucione el desarrollo de la quinta entrega.
Blizzard también ha recordado que hay vida más allá del PC y las consolas de sobremesa. La llegada de Diablo IV: Age of Hatred Collection a Nintendo Switch 2 ha servido para mantener la actualidad del juego mientras se cocina Diablo V. No es el plato principal para los fans de la saga, pero sí una forma de que la entrega actual siga sumando jugadores.
Con la quinta entrega todavía en desarrollo, lo que está claro es que Blizzard quiere aprender de los errores y aciertos del pasado. La vuelta a las raíces de Diablo II, el mundo procedural, los atributos manuales y la convivencia con Diablo IV dibujan un panorama ambicioso. Queda por ver cómo encajan todas las piezas y si el resultado convence cuando llegue la primavera de 2029.
